tribuna

El Cristo en la Casa de Ponte

Por Carlos Acosta. | Con fecha 5 de marzo de 1805, escriben los beneficiados de Garachico al obispo, don Manuel Verdugo, una carta-protesta para hacerle llegar su descontento y disconformidad sobre que se continuara llevando a la Casa de Ponte, en la Semana Santa de cada año, la imagen del Cristo de la Misericordia. Era esta una costumbre que había gozado doña Catalina Prieto, antecesora de la familia Ponte, a pesar de que los vecinos no parecían aceptar de buen grado la costumbre de distinguir a una familia sobre las demás.

Los beneficiados no veían con buenos ojos esta distinción entre familias, algunas de las cuales parecían ser dueñas de un oratorio privado. El Cristo se trasladaba, sobre los hombros de cuatro sacerdotes, desde la iglesia parroquial hasta la casa particular de estas distinguidas familias. Lo llevaban el Domingo de Ramos y allí permanecía hasta el Viernes Santo, cuando se trasladaba de nuevo a la parroquia para salir, luego, procesionalmente en la llamada Procesión Magna del Viernes Santo.

Se quejaban los beneficiados, no solo del traslado en sí, sino de que, en tal domicilio, se reunían varias personas para celebrar a su modo un convite especial, lo que no parecía bien a las autoridades eclesiásticas. Sin embargo, parecía un modo correcto de celebrar unos días de tanto relieve emocional.

La carta de los sacerdotes significó un hecho más que conflictivo, a pesar del cual la costumbre siguió a su aire y ha prevalecido a lo largo de los años. Hoy, acostumbrados los vecinos a tal privilegio, las cosas se mantienen del mejor modo y a nadie le parece ya fuera de lugar que la imagen permanezca varios días en el oratorio privado. Hoy se tiene la costumbre como una tradición que a todos complace.