Pues ahora resulta que, por lo que parece, la tal Kamala Harris, que puede ser presidenta demócrata USA, empina el codo, o lo empinó en la Convención Demócrata. Que le dio al trinqui, vamos. Puede ser que lo hiciera festejando, con Biden y Nancy Pelosi, su ligera diferencia, a favor, en las encuestas, con Donald Trump. No sé si le dio al tequila o al bourbon, pero en las redes sociales es un clamor su discurso lleno de incoherencias, incluso con una frase referida a caerse de un cocotero, que no venía a cuento y que ha tenido que ser aclarada/no aclarada por su oficina de campaña. Dicen las crónicas que parece existir ahora alguna discrepancia entre Harris y su amado Biden, porque éste apenas la citó en la primera parte de su intervención ridícula en la Convención Demócrata y Kamala estaba muy seria, sentada cerca de Biden y de Nancy Pelosi, que no se pierde un sarao y que, cuanto más anciana, más guapa la veo. La vieja tiene rejos. De todo esto se beneficia el zorro de Trump, más moderadito, aunque está reuniendo datos para una gran traca final, a pocos meses de la consulta de noviembre que decidirá quién será el próximo presidente de los Estados Unidos. Pero, según los republicanos, Kamala Harris no sirve, no hace más que reírse y en las últimas intervenciones está como ida, como si hubiera empinado el codo y se hubiese entregado al morapio, cosa que yo, naturalmente, no creo. Es verdad que se ríe demasiado, como si todo le hiciera gracia. Yo, les digo la verdad, pienso que es mejor reírse que llorar; y que este mundo está más para llorar que para reírse. Los americanos no tienen demasiados sentido del humor, pero, cuando le dan a la priva, sí. Como parece ser el caso. Ay, mi madre.
