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Maduro, general

Ver a Maduro vestido de general de la Guardia Nacional me recordó por un momento a un sargento chusquero que yo tenía en el cuartel, más bruto que un arado, que iba siempre con una vara. Se la vio en cierta ocasión a un general de aquellos franquistas, de la guerra civil, y ya no la soltó nunca el muy cabrón. Con la vara les daba lustre en los lomos a los reclutas, a mí no, porque yo estaba recomendado y él lo sabía. Pues Maduro, a quien algunos llaman Maburro, ellos sabrán por qué, se erige ahora en general de la Guardia Nacional Bolivariana y se coloca los galones que corresponden. Es el primero que en Venezuela asciende de chófer de la guagua del Metro de Caracas a general, sin pasar por la Academia, por la cara. Además, como está flaco, se parece cada día más a Anastasio Somoza y a Rafael Lónidas Trujillo, como si a los dos los hubieran fundido y les pusieran por un lado la cara de Chávez y por detrás la del general Gómez, el viejo general de los bigotes que gobernó Venezuela, también con mano de hierro. Pero ver a este analfabeto funcional con los entorchados de general me ha causado risa. Los militares nacen ya con el uniforme puesto, pero un tipo de la calle que compra en el Rastro la Medalla Militar y se la coloca los domingos para ir a misa, no cuela. Lo de Maduro causa una risa carcajeante, una risa internacional. A ver qué se inventa mañana este tío, que ha detenido a 2.000 personas, no sé para qué, y que lloró en público cuando le derribaron la estatua del indio Coromoto, debe ser que también cree en la Virgen. Pues si cree en la Virgen, que se mande a mudar.

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