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Miss Sarajevo

Yo era un soldado de la ONU más, un casco azul que corría entre los disparos de los francotiradores serbios contra las calles y las ventanas de los edificios de Sarajevo. Era uno de esos días previos a los cuatro que duraron los bombardeos de la OTAN sobre los serbios y que acabaron con la masacre. Resulta que bastaron cuatro o cinco pasadas de los F-16 para terminar con el asedio perpetrado contra la población durante cuatro años por el asesino serbiobosnio Ratko Mladic: “Bombardéenlos hasta que se encuentren al borde de la locura”, dijo. Yo corría por entre aquellas ruinas, con dirección al sótano de un aparcamiento donde se iba a celebrar un concurso de belleza. La chica que ganó vive en Holanda. Escuchaba la canción de U-2, Miss Sarajevo, y me desperté de golpe, con mucha sed, anoche. Había visto, ya de madrugada, el reportaje del concierto que Bono y los suyos ofrecieron en Sarajevo, cuando los disparos de la guerra habían cesado. Pero fue curioso que bastaran cuatro pasadas de los aviones de la ONU, cuando los Estados Unidos entendieron, por fin, que había que terminar con aquella masacre. ¿Cuándo entenderán los Estados Unidos lo que ocurre en Venezuela, donde están muriendo muchas más personas que lo que cuentan los periódicos, algunas torturadas por el Sebin, el terrible servicio secreto chavista? Eso que llaman comunidad internacional es lenta y cruel. El dictador venezolano y sus compinches deben ser arrestados; no debería haber piedad sino con los que no tengan las manos manchadas de sangre. Que no me despierte de madrugada, con un casco azul en la cabeza, corriendo como un loco, esta vez por las calles de Caracas, esquivando balas. Estamos perdonando a quienes esquilman los recursos de Venezuela y pagan favores con minas de oro. Golfos que tienen que pagar por lo que han hecho.