tribuna

Náufragos en la niebla

Por Rafael Torres. | Surgen figuras de la niebla, pero no son figuras, son personas, y tampoco surgen de la niebla, sino del mar que esta oculta. De las imágenes fantasmales de este verano emerge esta, que lo es, más si cabe, que ninguna otra: adolescentes exhaustos a los que la bruma difumina el contorno, que caen de bruces sobre la arena de la playa como náufragos a los que ni el mar quisiera. Ceuta. Espigón del Tarajal.

Se trata, en efecto, de jóvenes náufragos, aunque aquí hay gente que los llama “menas”. Ya lo eran, náufragos, antes de echarse al mar, a ese mar que es muelle vacacional para algunos, y tenebroso para otros, para ellos. Ya eran náufragos antes de perderse en las olas y ser conducidos compasivamente por estas a una orilla en la que acabarán de naufragar. Pero algunos no habrán de llegar siquiera, ni, en consecuencia, ser devueltos a Marruecos “en caliente”, o incorporarse a ese problema que algunos pintan irresoluble de encontrar acomodo a los 6.000 menores magrebíes que alcanzaron a no ahogarse.

Solo Juan Jesús Vivas, el presidente de Ceuta, alude con humanidad, desde las filas de la derecha, a esa irrupción de náufragos en la niebla. Habla de crisis o de emergencia humanitaria. Pide ayuda urgente para gestionar, con humanidad, como queda dicho, el suceso, demanda la solidaridad de las comunidades autónomas en manos de sus correligionarios para distribuir entre ellas a los menores náufragos, recibe buenas palabras del Gobierno, pero no parece que nadie le haga mucho caso.

Son jóvenes náufragos, aunque aquí hay gente que les llama “menas” y, en algunos noticiarios, cuentan que se guían en el mar, en la niebla, merced a unos tutoriales que pillan en sus móviles. ¡“Menas” con móviles! No entiende esa gente que eso les hace doblemente náufragos.

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