Javier Rivero Grandoso (Santa Cruz,1987) es profesor contratado doctor del Área de Literatura Española de la Universidad de La Laguna. Es doctor en Estudios Literarios por la Universidad Complutense, con una tesis sobre la Representación del espacio urbano en la novela criminal de las literaturas de España. Ha dirigido diversos proyectos de investigación centrados en la insularidad, especialmente en la literatura producida en Canarias. Ha realizado estancias de investigación en centros nacionales e internacionales. Ha editado numerosos volúmenes, entre los que destacan la obra poética del autor canario Julián Herráiz, bajo el título La mentira y el agua y Alfabeto celoso (Obra Completa) y el libro de viaje Un verano en Tenerife, de Dulce María Loynaz, en la Colección Atlántica del Gobierno de Canarias. Es el director de la Cátedra Cultural Antonio Lozano de Género Criminal de la Universidad de La Laguna, que organiza cada año el Seminario Internacional Tenerfie Noir de Investigación en el Género Negro.
-¿Cómo un profesor y crítico, especialista en novela negra, puede escribir un texto tan bello sobre una autora enormemente lírica, como es Dulce María Loynaz?
“Pues porque me he especializado en el género criminal, pero no es el único campo en el que trabajo. Trato de estar al día en la literatura española actual, sin perder de vista la hispanoamericana. Y otro de los temas que me atraen mucho es el de la insularidad, espacio en el que se desarrolla la obra de Dulce María Loynaz, que además tuvo una gran vinculación con esta isla, fruto de la que surgió Un verano en Tenerife. Se trata de un libro de viaje hermosísimo, cuyo origen coincide con uno de los momentos más felices de la vida de su autora”.
(Me dice Javier que esta obra estaba descatalogada y no era posible adquirirla, por lo que era necesaria una reedición. Afortunadamente se pudo publicar en la Colección de la Biblioteca Atlántica, de la Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias. Gracias a la intervención, entre otras personas, del catedrático emérito Juan-Manuel García Ramos, que puso el mayor interés en que la obra de Dulce María viera la luz. El profesor García-Ramos fue uno de los maestros de Javier Rivero).
-Tú has definido esta tierra, de acuerdo con Iris M. Zavala, como “fronteriza”. ¿Influye esta condición en sus escritores?
“Sin duda. Creo que el espacio no sólo condiciona las obras literarias sino también la vida de las personas. En Canarias conocemos bien sentimientos de insularidad y la influencia que ello tiene en la literatura, como ya lo expuso Pedro García Cabrera en El hombre en función del paisaje. El mar, la insularidad o la presencia de “otro”, aquel que llega de fuera a las islas, son constantes en nuestra literatura”.
-¿Hasta qué punto la literatura es ciencia? No descubre vacunas, pero sí data y rescata multitudes de elementos filológicos.
“Los estudios literarios y filológicos hacen uso del método científico, pues en su análisis se inicia todo con una hipótesis a partir de una o varias teorías y se sigue una metodología. Es verdad que nosotros no salvamos vidas, pero nuestro trabajo permite datar textos, identificar autorías, crear los diferentes cánones que pueden servir para la enseñanza de la literatura en colegios e institutos, etcétera. Al fin y al cabo, la literatura es un pilar fundamental en la cultura de un país o de un pueblo determinado. Pensemos, por ejemplo, en Canarias y en la necesidad que tenemos de estudiar y de clasificar la literatura que se hace en las islas”.
-En tu opinión, ¿se le ha hecho justicia a Alexis Ravelo y a Antonio Lozano? ¿O están por descubrir para el lector español?
“Son dos de los grandes autores de la novela criminal en Canarias y ambos se nos fueron demasiado pronto. Creo que los dos fueron conocidos y reconocidos, pues ganaron importantes premios en el territorio nacional. Pero tenemos que trabajar para que su obra no sea olvidada. En la Cátedra Cultural Antonio Lozano de Género Criminal hemos celebrado jornadas y homenajes para que el legado de estos escritores siga presente, porque la difusión de los textos decae cuando los autores fallecen. Por ejemplo, es desolador que una novela como Haraga, de Lozano, no se pueda conseguir hoy en las librerías.
-Conoces bien Galicia. ¿Hay meigas? ¿Y aquí que hay?
“Sí, estudié la literatura gallega y por eso aprendí el gallego. Me enamoré de su cultura. Galicia tiene su cara mítica y su cara más real, menos idealizada. En Canarias ocurre lo mismo, se nos ha considerado el paraíso, algunos localizaron mitos grecolatinos en el Archipiélago, pero a la vez somos una de las comunidades autónomas con mayor tasa de pobreza y desempleo y tenemos un gran problema a la hora de comprar o alquilar una vivienda”.
(Desde el punto de vista literario, Javier ha investigado sobre la literatura canaria “y todavía pervive”, según el autor, “la idealización del Archipiélago, algo que se acrecienta en los textos escritos por autores foráneos que tratan sobre las islas. La idea de Las Afortunadas sigue estando muy presente”.)
-¿Influirá en la literatura la inteligencia artificial. ¿Nos quedaremos sin auténticos escritores?
“Es todavía algo muy incipiente, pero dudo mucho que la inteligencia artificial pueda hacer peligrar el trabajo de los escritores. La inteligencia artificial trabaja fundamentalmente con lo que ya está hecho y para el avance de la literatura lo que se necesita es originalidad. Difícilmente podrán las nuevas tecnologías, siquiera equipararse, a las grandes obras de la literatura universal. No creo que una máquina pueda igualar la sensibilidad del ser humano”.
-¿Qué son las humanidades digitales?
“Es el empleo de los avances tecnológicos y digitales en las disciplinas humanísticas lo que ha dado lugar a nuevos campos de estudios. Por ejemplo, en filología se emplean diversos estudios y programas informáticos para analizar la fonética o la prosodia. En el campo de los estudios literarios, las humanidades digitales nos pueden ayudar a encontrar las repeticiones en un texto, la frecuencia de uso de las distintas palabras o expresiones y con todo eso realizar hipótesis sobre la autoría, por ejemplo, de textos anónimos”.
(Indica mi interlocutor que “en este sentido, la filología es indispensable para la creación de programas de reconocimiento de voz, de análisis textuales, de generación artificial de textos, de traducción automática…”).
-Coño, Javier, me ha impresionado el tema de tu tesis: Representación del espacio urbano en la novela criminal de las literaturas de España. Me gustaría saber algo más.
“Trata sobre el estudio de la ciudad en la novela criminal, cómo aparece representada, qué imagen se da de ella, cómo evoluciona la relación que tiene con el referente real. Quería analizar si se empleaba el mismo modelo urbano en las literaturas de lenguas minorizadas, como la gallega, la catalana o la vasca. Para ello estudiaba la presentación de cuatro ciudades (Barcelona, Bilbao, Vigo y Las Palmas) a partir de sagas de escritores, por lo que empleé un corpus bastante amplio. Y encontré que sí había diferencias”.
-Vázquez Montalbán, Simenon, Agatha Christie, Stieg Larsson, Conan Doyle. ¿Quién es el gran maestro? Agatha escribió en Tenerife El enigmático Mr. Quin.
“En la Universidad de La Laguna realizamos un trabajo de investigación sobre la estancia de Agatha Christie en Canarias, dentro de un proyecto sobre obras literarias ambientadas en Tenerife. Vázquez Montalbán, por cierto, tiene también un relato de Carvalho que sucede en Tenerife y que igualmente hemos estudiado”.
Y Javier Rivero añade:
“El género criminal ha evolucionado mucho y por eso hay también muchos maestros. Edgard Allan Poe es considerado el pionero de esta escritura con Los Crímenes de la Calle Morgue. Arthur Conan Doyle y Agatha Christie son maestros del enigma, que desarrollan con éxito el esquema lúdico que planteaba Poe. Dashiell Hammett y Raymond Chandler evolucionan ese modelo y ellos son los creadores de la novela negra más urbana y más social. Vázquez Montalbán es el principal referente en España, con una obra muy comprometida con su tiempo y con sus ideales políticos y es uno de mis autores favoritos”.
-¿Son los que más venden los más interesantes?
“No lo son, salvo en contadas ocasiones, los más interesantes desde el punto de vista literario. El mercado suele ir por un lado y la literatura por otro”.
-Novela negra, ¿el simple arte de matar, como la definió Chandler?
“Ha pasado casi un siglo de aquello. El género ha evolucionado mucho y hoy encontramos muchas formas y muy diferentes, entre ellas desde la novela enigma hasta el thriller. Ya no es indispensable la figura del investigador y por eso hay novelas muy buenas, como La estrategia del pequinés, de Alexis Ravelo, que carecen de una estructura de misterio”.
(Desde la Cátedra Antonio Lozano organizan, desde 2017, el Seminario Internacional Tenerife Noir de Investigación en el Género Negro, un encuentro académico con investigadores de universidades de todo el mundo, en el que han analizado el desarrollo del género criminal desde su origen hasta la actualidad. La transformación es notable y hoy existe una gran variedad de tipos de obras, de personajes, de estructuras, de espacios, etcétera).
-Lo que enseñas es, al menos para mí, novedoso. ¿Muchos alumnos, un buen nivel?
“Como en todas las carreras el alumnado es variado, pues hay personas muy interesadas y también otras que no sabían qué estudiar y acaban ahí de rebote. Pero en general el alumnado suele escoger el grado en Español: Lengua y Literatura por vocación, porque les gusta. Ya saben que con esta carrera es difícil hacerse rico. En mis clases, en asignaturas como Literatura Actual, se estudian los textos recientes más relevantes y esto es algo que les suele interesar bastante porque es una Literatura que trata temas , referentes y localizaciones que ellos conocen”.
-Será gratificante para un profesor.
“Es una alegría encontrar cada año jóvenes que leen mucho y que tienen un gran nivel, como así lo demuestran en los trabajos que entregan, y que no sólo acaban el grado con brillantes calificaciones sino que después realizan un master o incluso un doctorado. Y es muy necesario que así sea para garantizar el relevo generacional en las universidades, que tanto necesitamos actualmente”.
(Se acabó el cuestionario, pero no la conversación, Javier ha estado en la Universidad de Connecticut, en Princetown y en otras realizando estancias. Confieso que consiguió interesarme en la novela negra, un género que tenía olvidado por completo. Seguiremos hablando, sin duda).





