en la frontera

Humanismo y tercera vía

De un tiempo a esta parte es bien frecuente encontrarse, para resolver grandes problemas, con la atractiva apelación a la existencia de una tercera vía, de un “tertium genus” que actúa a modo de panacea universal. Vaya por adelantado que la metodología de la tercera vía me parece propia de posicionamientos estáticos y rígidos: ¿por qué una sola tercera vía?; más bien, tantas vías cuantas surjan de la capacidad creadora de la libertad. Es muy tentador desnaturalizar el mercado con intervención pública o liberar el Estado con un poco de mercado. Es una posibilidad. Sí. Pero me parece que está en las antípodas del pensamiento moderno. Para intentar resolver un problema, hay que hacer un esfuerzo por olvidarse de viejas recetas, vetustas metodologías y fijar la mirada en la realidad y en los seres humanos, en las personas concretas. Entonces, el camino, la tarea se torna dinámica, abierta, compleja pero atractiva y apasionante por la sencilla razón de que se trabaja desde la razón humanitaria, desde la razón ética.

La pretensión salvadora de la tercera vía, como ha señalado en más de una ocasión Ralf Dahrendorff, encuentra su punto débil al intentar colocarse como única solución. Por eso, hemos de saludar con esperanza las nuevas ideas que hoy emergen de lo más granado y auténtico de la sociedad. Se trata de aportaciones novedosas que parten de la persona humana como centro de la realidad y como foco iluminador de los problemas que todavía azotan a nuestro mundo.

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