Por María Millán. | La mediocridad está en todas partes: gobierno, oposición, instituciones, empresas, e incluso en nuestras propias familias. Parece que cuanto más mediocre es alguien, más prospera y se aferra a puestos clave.Como un virus resistente, la mediocridad se propaga con asombrosa facilidad. Su arma secreta: un agudo instinto de supervivencia y un marketing personal efectivo. Los mediocres no necesitan inventar la rueda; les basta con comunicar ideas genéricas y mensajes polarizantes que se difunden como la pólvora en las redes sociales.
Una vez afianzada, la mediocridad contamina a todo su ecosistema; es un pilar fundamental de la cultura del grupo y, quien se atreve a desafiarla, es expulsado. Pero cuidado, la “mediocritacia” no es una anomalía. Es tan natural como la ley de la gravedad. Los seres vivos tienden a hacer el mínimo esfuerzo para lograr sus objetivos. Es la estrategia más inteligente desde el punto de vista evolutivo.Por eso, luchar contra la mediocridad es nadar contracorriente; requiere una fuerza de voluntad extraordinaria.
La pregunta es: ¿Dónde estaríamos hoy —y dónde vamos a estar— si no le damos la vuelta a esta inercia? Y más importante aún, ¿existen antídotos contra la mediocridad. Evidentemente, no hay soluciones de raíz, pero sí antídotos para limitar el brutal impacto de la mediocritacia. Veamos cuatro de ellos:
Reconocer y posicionarse: El primer paso es reconocer la ubicuidad de la mediocridad y elegir nuestra postura ante ella, decidir cómo nos vamos a posicionar en el rebaño corporativo. Para esto, necesitamos una autoestima saludable, un propósito vital claro y lucidez mental; facetas que se le presuponen a cualquier líder, como el coraje a los soldados.
Elevar la mirada: Para inspirarnos e idear soluciones, debemos ver más allá de los titulares sensacionalistas y centrarnos en el panorama general.Es como mirar un bosque en lugar de obsesionarnos con un solo árbol.
Curiosidad pragmática: Ante cualquier desafío, necesitamos explorar más allá de nuestra zona de confort. Es como ser un explorador en territorio desconocido.Busquemos soluciones diversas y orientadas a resultados.
El cambio es personal: Para avanzar, necesitamos un compromiso firme y una práctica cotidiana. Cualquier postura contra el orden preestablecido exige disciplina, constancia y firme gestión de nuestra salud mental y emocional. Si elegimos ir más allá de la mediocridad, el compromiso es, ante todo, con nosotros mismos.
