Por Carlos Acosta García. | Iglesias, conventos, ermitas… suelen ser casi siempre las motivaciones que nos llevan a escribir sobre el pasado de Garachico. Esta vez nos detenemos en el desaparecido convento de Santa Clara, que tuvo su origen en 1590 con el real permiso de Felipe II. Se levantaron sus oruros sobre la conita de San Sebastián, cedida por su propietario, Alonso de Ponte y su esposa, María de las Cuevas. Fueron siete las religiosas que habitaron inicialmente el monasterio. Procedían de La Laguna, de donde salieron caminando el día 6 de julio del mencionado año y tardaron dos días en llegar a Garachico. Contribuyeron a que el nuevo convento funcionara con el mejor estilo. Muchas de las principales familias de la localidad del Roque colaboraron para que todo fuera un éxito. Y resultó todo tan positivamente que, sólo dos años después, hubo necesidad de ampliar el edificio religioso. En 1672 ocurrió algo sorprendente. Las religiosas habían designado como patrono a un personaje destacado: Gaspar de Ponte y Ximénez; pero sólo unos días después cambiaron sorprendentemente su decisión, empujadas por parte de muchos vecinos y, sobre todo, por Fernando del Hoyo. Ignoramos los motivos de tal decisión. Hubo entre las religiosas varias notabilísimas, llegando dos de ellas a ganarse la opinión generalizada de que habían muerto en loor de santidad. En 1639, hubo necesidad de agrandar el solar con terrenos colindantes, cedidos por los capitanes Nicoloso de Ponte y Alonso de Ponte y Ximénez. Del convento sólo existe el recuerdo. Pero en los apuntes que acabamos de copiar no se cita detalle alguno que nos lleve a comprender los motivos de su desaparición. La historia de Garachico está llena de situaciones parecidas.
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