Por Dr. Miguel Serrano*
En junio del 2024, coincidiendo con los 50 años de la Primera Promoción de médicos de Canarias, se alertó de la grave situación de las Facultades de Medicina de Canarias y en concreto, de la Universidad de La Laguna.
Posteriormente, el Sr. Decano Prof. País realizó varias declaraciones muy preocupantes en diferentes medios de comunicación. Al mismo tiempo, el Dr. Luis Ortigosa, como Presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad de la Laguna, convocó un debate que se realizó en el Auditorio de la Caja de Canarias. En ese acto, tanto la Universidad como el Sistema Canario expusieron la realidad. Sus palabras en lugar de tranquilizar, incrementaron la preocupación de los asistentes. La realidad es alarmante, no solo para la propia existencia de los estudios públicos de medicina, sino también por el recambio generacional del personal médico de los centros sanitarios. Referido al Sistema Canaria de Salud (SCS), aunque se mantengan las dos Facultades de Medicina de Canarias, el déficit asistencial será real. Si las Facultades de Medicina desaparecen, los términos expresados por el representante del SCS es aún más preocupante. Al mismo tiempo, es procedente señalar que el carácter publico permite un acceso homogéneo de los aspirantes, mientras que las Facultades de Medicina privadas, conllevan un importante coste por alumno que genera una discriminación social.
En 1968 se creó la primera Facultad de Medicina de Canarias en la Universidad de La Laguna. En aquel momento, la Facultad y su primer hospital de referencia, el Hospital General y Clínico más tarde, Hospital Universitario de Canarias (HUC), eran una misma cosa. La integración era total. Con el tiempo, cada institución fue adquiriendo entidad propia, comenzando una deriva de separación y en muchos casos de reproche del deterioro de cada una de ellas.
Con ocasión de la celebración los 40 años de la creación de la Facultad de Medicina, se alertó del deterioro y se solicitó al Gobierno de Canaria, responsable político, una actuación que revirtiera la situación. Poco se logró y al cumplirse los 50 años, en el acto conmemorativo, se le manifestó con crudeza al Sr. Clavijo, Presidente de Canaria, que la situación era ya límite. Respuesta, que yo sepa, ninguna. La Facultad se convirtió en Escuela de Medicina y muchas de sus cátedras tienen sus días contados.
Accedí a la Plaza de Profesor Titular de Oftalmología, en 2003. Con mi incorporación, la catedra de oftalmología, contaba con un catedrático, dos profesores titulares y dos profesores de clases prácticas. Me jubilé en 2020 y los últimos 4 años, estuve solo. A través, del Departamento de Cirugía, denuncie reiteradamente esta situación límite. La enseñanza y las prácticas se dieron con decoro gracias a la desinteresada colaboración de miembros de los Servicios de Oftalmología de los Hospitales Universitarios de Nuestra Señora de la Candelaria y del Hospital Universitario de Canarias.
Cuando obtuve la plaza de Profesor Titular, un miembro del tribunal, en concreto, el Catedrático de Barcelona, me dijo, felicitaciones y bienvenido a la doble orfandad. Como clínico el hospital te considerara de los otros y la Universidad, como miembro del HUC. Debo reconocer que el HUC nunca me trato así, pero no puedo decir lo mismo de la ULL.
Tuve de pacientes a miembros destacados de la Universidad. Nos veían con la sobrecarga asistencial y de docencia. Cuando les trataba explicar las singularidades de la medicina, y en concreto, de los clínicos, miraban para otro lado. Estar dentro de la Universidad, es algo bastante confortable. Para algunos, muy confortable, aunque el barco naufrague. Compartir como clínico, asistencia, docencia e investigación NO. Por tanto, aunque me cuesta escribirlo, durante la época que estuve como Profesor Titular de Oftalmología, sufrí la orfandad de la Universidad de La laguna.
Durante muchos años, creo por más de cuatro, la Comisión mixta SCS-ULL, responsable de coordinar a los dos organismos implicados en mantener y mejorar la docencia, no se reunió. Lo hizo, después de las quejas de junio del 2024, lamentable. Como penitencia, deberían reunirse todas las veces que haga falta para salvar la enseñanza pública de medicina.
En menos de 10 años, una mayoría de profesores de la Facultad de Medicina de La Laguna se jubilarán. Antes de que esto ocurra existe el riesgo serio que la ULL pierda la acreditación porque no existen profesores que preparen el programa de la asignatura, la impartan y firmen sus actas. El primer aviso se tiene con Oftalmología y Neurología.
El esquema actual de las Facultades de Medicina públicas debe ser sustancialmente adaptadas a la realidad. NO consiste que las Universidades dicten normas incumplibles. Consiste que sus ofertas laborales se adapten al mercado laboral de los médicos y propicien a que algunos profesionales se interesen por la docencia y en un futuro lleguen a ser Profesores Titulares o Catedráticos.
La licenciatura de medicina tiene dos tramos bien definidos. El primero, el de preclínicas, con asignaturas básicas sobre las cuales se sustenta el desarrollo posterior de la segunda parte de la licenciatura, el tramo de las clínicas.
Las asignaturas preclínicas, se pueden desarrollar en las instalaciones actuales. Sería conveniente que entre sus profesores hubieran ademas de biólogos, fisiólogos, farmacéuticos, y también médicos. Al mismo tiempo, que sus laboratorios contaran con mejores medios y mantuvieran su coordinación con otros de centros de investigación internacionales, nacionales y canarios.
El segundo tramo conocido como el de “clínicas”, debe ser modificado dado que su enseñanza se debe hacer primeros en los dos hospitales universitarios de tercer nivel que cuentan ambas provincias y en segundo lugar en las Facultades de Medicina. ¿Quiénes deben ser sus profesores? Todos aquellos con el título de doctor que estén o puedan estar interesados.
Para lograrlo, debemos conocer la realidad de dichos profesionales. Hay un primer grupo de médicos clínicos, por ejemplo, entre 30 y 50 años, que les podría interesar. Pero primero, deben de dejar de ser interinos (SCS) y al mismo tiempo, no exigirles dejar su pertenencia al hospital como requisito para iniciar el camino hacia la universidad. Por tanto, solventar la interinad y no exigirle desvincularse de su hospital.
Existe un segundo grupo de médicos, cuyas edades podrían estar entre 50 y 60 años, algo quemados del trabajo asistencial, que les podría interesar, bien dejar el hospital, bien compartir su pertenencia a los dos. Por último, un tercer grupo, quizás los que superan los 60 años, que no les importaría dedicar mucho más tiempo a la docencia y solo una parte reducida a la asistencia.
Sobre esta realidad, el SCS y las Universidades Públicas, deben diseñar ofertas para esos tres grupos de médicos. Si se les adaptan los contratos, se les incentivan con proyectos atractivos y se les reduce la carga administrativa, que por cierto es terrible, el camino permitirá solventar la difícil situación actual y sembrar sobre esos clínicos, gérmenes de docencia e investigación, que al final produzcan los anhelados nuevos profesores y catedráticos de las Facultades de Medicina de Canarias.
*Ex Profesor Titular de Oftalmología
