tribuna

Valencia: anatomía del caos

Por Rafael Torres

Tan incomprensible es que el presidente de la Generalitat Valenciana lo siga siendo, como que el Gobierno de la nación no tomara las riendas de la respuesta al desastre inmediatamente, a la vista de la radical incompetencia del gobierno regional que, sobre no prevenir en tiempo y forma a la ciudadanía de la catástrofe que se cernía sobre ella, la desamparó absolutamente cuando sus terribles efectos eran ya irreversibles. Es cierto que la magnitud de la calamidad sobrepasó lo hasta entonces conocido, pero también lo es que la inepcia de Carlos Mazón y de sus consejeros, entre los que se hallaba una, la de Turismo, que aún se permitió maltratar de palabra a las víctimas, desbordó cuanto de acción nefasta de una administración, de inacción más bien, se había conocido hasta la fecha. De quien no supo prever el desastre (que cuando la riada anunciaba su avance imparable arrasándolo todo se permitió afirmar en el día de autos que la DANA se iba para Cuenca y que a las seis de la tarde habría pasado el peligro), ni prevenir de él a los valencianos que a las ocho se ahogaban por cientos, podía esperarse que obrara con acierto y prontitud para afrontar los pavorosos efectos de semejante negligencia. El Gobierno de Pedro Sánchez, que tampoco podía, en puridad, esperarlo, debió entonces forzar el nivel 3 o decretar el Estado de Emergencia para, liberadas las zonas afectadas del estorbo de una Administración regional inane, volcar todos los recursos del Estado en el afán de salvar vidas humanas, infraestructuras, animales y bienes.

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