Con la llegada de la Navidad la ciudad se transforma y la inversión de luminarias in crescendo, está justificada por los ingresos que genera el ambicioso despliegue de coloridos leds.
La decoración en calles, comercios y locales busca la revitalización de la economía local durante este periodo.
El municipio se convierte en epicentro de celebraciones y el ayuntamiento se esfuerza en promover eventos y mercadillos navideños que avivan los vínculos sociales, atrayendo a locales y visitantes.
Esta época del año despierta sentimientos encontrados, detractores e incondicionales debaten sus diferencias obviamente supeditadas por circunstancias personales.
La Pascua, origen religioso de la festividad, celebra el nacimiento de Cristo que, poco a poco ha ido siendo delegado a un segundo plano. La imagen que impera es la de unos festejos que invitan al reencuentro y agasajo de nuestros apegos a golpe de billetera.
No son pocas las personas que abducidas por los numerosos excesos que acompañan estas fechas se esfuerzan por mantener la demanda de gasto, provocando tensiones económicas que poco contribuyen a su disfrute. Candidatura perfecta al “Cuesta de enero premium club”
Sentimientos de aislamiento o insuficiencia se intensifican sometidos a la presión emocional de disfrutar de “unas Felices Fiestas“, que en ocasiones transforman la peladilla en pesadilla para quienes gozan de una salud mental frágil o dinámicas familiares de echarse a correr.
En nuestra polarizada sociedad el espíritu navideño suele dar tregua a las ansias de afear a quienes piensan distinto.
Esta pausa, cuya caducidad va ligada a la ingesta del Roscón de Reyes, permite que la actitud conciliadora suavice tensiones e invite a buscar puntos en común. Disposición que convendría mantener más allá del brindis.
En medio de la vorágine de regalos y risas cohabita otra realidad, la soledad impuesta, que reacia a echarse unos polvorones, se convierte en un desafío emocional que afecta a colectivos sin arraigo y a quienes viven sin compañía.
Estos días invitan a reflexionar sobre la capacidad de compartir también tiempo y afectos con entornos ajenos.
Que el brilli brilli no nos deslumbre y podamos recuperar el concepto de amabilidad, capaz de calentar corazones con mucha más efectividad que una botella de cava.
Y al 2025 decirle … cuando quieras.
