el charco hondo

Debate

La felicidad no se consume en la emoción que produce alcanzar una meta, va más allá de la efervescente satisfacción que asoma cuando conseguimos lo que buscábamos

La felicidad no se consume en la emoción que produce alcanzar una meta, va más allá de la efervescente satisfacción que asoma cuando conseguimos lo que buscábamos. Hay quienes piensan que es algo tan efímero como una carcajada (a su juicio, es imposible reírse si no se dan unas condiciones mínimas de alegría). Ciertamente, el bienestar subjetivo -autopercibido- empapa actitudes y comportamientos, abriendo un catálogo de situaciones que van de la autosuficiencia en el placer moderado a la fortaleza en la aceptación de una existencia determinada o, entre otros enfoques, a la perspectiva de quienes -racionalistas- entienden la felicidad como la adecuación de la voluntad a la realidad. No resulta fácil averiguar si la suerte del presidente del Gobierno de Canarias encaja en la felicidad según la entienden los estoicos o el epicureísmo, racionalistas o utilitaristas. Tanto le dará al presidente sentirse más cerca de estos o aquellos, porque lo sustancial es que, estando como está a las puertas del debate sobre el estado de la nacionalidad, la felicidad de Clavijo es infinita, desbordante e inédita -flipante, en definitiva-. El presidente tiene al PP -y a los satélites empresariales de esa órbita- vitoreando su modelo económico, y a los socialistas, prescindibles para según qué cosas, poniendo la mejilla con los dolores sociales. Al tratar al PP como si estuviese en el Gobierno y al PSOE como si estuviera en la oposición, los tiene petrificados, creyéndose ambas cosas a la vez, naufragando en la sospecha de no ser ni lo uno ni lo otro. Tiene el presidente al PP alineado y al PSOE descabezado. Si eso no es la felicidad se le parece un montón.

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