tribuna

Celebrando identidades

Dice Muñoz Molina, tan acertado como siempre, que “los celebradores de las identidades son grandes expertos en sacar protocolos que determinen quién es y quién no es, a quién se acepta, a quién se expulsa, a quién deja fuera, quién es el enemigo, quién el traidor, quién el apóstata, qué palabras deben decirse, cuáles no”. Podría entenderse que se está refiriendo a ciertas minorías identitarias de carácter nacionalista, aprovechando un ambicioso artículo sobre escritores que fueron excluidos de sus lugares de origen, como Kafka, en Praga; Joyce, en Dublín; Lorca, en Granada; o Isaac Babel, en Odesa. Esta es la excusa aparente para hablar de celebraciones de manera subliminal, porque antes localiza el escenario diciendo que “la izquierda, y la izquierda española en particular, se ha dejado contagiar durante demasiados años de estas supersticiones”. No voy a hacer una exégesis sobre este escrito, entre otras cosas para no desvelar una intención que el autor prefiere dejar semioculta por el velo de las sugerencias. Se me podrían ocurrir miles de interpretaciones, aplicadas a diferentes convocatorias de la actualidad, pero prefiero recurrir a la influencia que tuvo sobre mí una lectura del Apocalipsis que hice hace unos días.

Cuando habla del sexto sello, describe una catástrofe en la que el cielo se enrolla como un libro y las estrellas se precipitan sobre la tierra igual que los higos que caen de una higuera. Esta literatura fantástica, en la que se cuenta la hecatombe que está por venir y que nunca llega, plantea siempre quién se salvará y quién no del desastre. Es una historia para dividir al mundo en buenos y malos, donde unos son culpables y otros víctimas, y, por tanto, recibirán su premio y su castigo según lo dicte un sello que le colocarán en la frente. Estamos viviendo el preámbulo de un tiempo apocalíptico, que Antonio Muñoz Molina sitúa en los celebradores de protocolos de identidad, y que bien podrían organizar actos de exclusión ideológica como señalar culpables de catástrofes naturales, igual que está ocurriendo con los incendios de Los Ángeles o como ha sucedido recientemente en las inundaciones de Valencia.

De celebraciones y condenas está el mundo lleno, sobre todo cuando lo que se celebra se hace con la intención de aislar y vituperar a quienes no se suman al festival de la exclusión, igual que les ocurre a los escritores mencionados, donde el caso de Babel es significativo, navegando en medio del totalitarismo ruso, la aberración nazi y el fanatismo del nacionalismo ucranio. La exclusión por el castigo implica la institución de un nuevo reino, donde los buenos se imponen a los malos por el exterminio definitivo de estos últimos. Es lo que ocurrió con Noé cuando fue elegido por Dios para salvarse con el encargo de fundar un nuevo reino. En el fondo, y salvando las distancias, algo parecido a lo que sucedió en Caracas con la promesa de implantar la Nueva Democracia. Hay más cosas que dejo a la suspicacia de ustedes para que las descubran.