tribuna

Desde Panamá

Por Julia Navarro

Estoy en Panamá donde, al menos en apariencia, la vida sigue como antes de que Donald Trump tomara posesión como presidente de Estados Unidos. Y, sentada en una de las gradas del Canal de Miraflores donde tambien están sentados turistas y curiosos que acuden a ver cómo es el canal, no puedo dejar de escuchar las conversaciones que mantienen a mi alrededor. En la conversación general está la amenaza de Trump de hacerse con el Canal de Panamá, fuente de riqueza para el país puesto que por ese canal se comunican los dos grandes océanos, facilitando el comercio mundial. Hay quienes se muestran escépticos pensando que las amenazas de Trump no dejan de ser una de sus bravuconadas. Otros, los de más edad, muestran cierta preocupación conscientes de que son muchos los intereses económicos en juego y que Estados Unidos ve con recelo cómo China se ha ido afianzando como su principal competidor en los “negocios y comercio” mundial. Hay quienes opinan que su gobierno terminará llegando a algún tipo de acuerdo con la nueva administración norteamericana. Escuchando a unos y a otros llego a la conclusión de que buena parte de los panameños prefieren la negociación al conflicto siempre que eso no implique una humillación. También hay una defensa cerrada a la hora de argumentar que el control del Canal es de los panameños y de nadie más. No hay una opinión común, pero hay una coincidencia y es la irritación profunda que han generado las amenazas de Trump. De ahí la importancia de la visita a Panamá de Marco Rubio, el nuevo secretario de Estado, al que el Gobierno panameño intentará convencer de que Estados Unidos sigue siendo su aliado preferente.