Hablar o escribir sobre la sanidad pública en España es de una pobreza asistencial única en toda Europa. Resulta ser que ahora el Ministerio de Sanidad del Gobierno de España señala la falta de 100.000 enfermeras que viene denunciando desde hace años el Consejo General de Enfermería (CGE). Los motivos de tantas ausencias de personal sanitario vienen motivados por la brutal sobrecarga de las enfermeras en España. Contratos temporales, turnos imposibles, un sistema saturado y miedo a posibles agresiones.
Yo diría más, muchas enfermeras, auxiliares y médicos no trabajan en la sanidad pública de España porque cobran una miseria, lo que significa que deben consolidar sus vidas profesionales sanitarias en otros países de Europa, donde se sienten respetados/as, valorados/as y, encima, económicamente ganan mucho más. Por todo ello, ese gran déficit de personal sanitario también lo acusan las autonomías de España, en concreto Canarias.
En Tenerife, tenemos dos hospitales de gran renombre. Es decir: el Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria y el Hospital Universitario de Canarias. En lo que se refiere al caché del Hospital Universitario de Canarias, eso ya pertenece al pasado, sobre todo en lo que se refiere a las urgencias, un lugar que el sistema ha convertido en un verdadero gueto para los pacientes. De la misma manera, un lugar tercermundista, deplorable y con mucha falta de sensibilidad por parte de los políticos responsables de nuestra tan maltratada y olvidada sanidad pública de Canarias.
Sin ir más lejos, recientemente Antena 3 Televisión en Canarias ofrecía la preocupante noticia del colapso en las Urgencias del Hospital Universitario de Canarias: 70 pacientes esperan en los pasillos cada día para ser atendidos. Se ha tenido que habilitar lo que en el hospital llaman “apartaderos de pacientes” en salas de espera o pasillos para ubicar a los que llegan y para los que no hay sitio en urgencias. ¿Qué les parece?
Mientras, el Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, que aunque también tiene sus carencias, goza de una credibilidad más positiva. Personalmente, si puedo evitar entrar por los pasillos de las Urgencias del Hospital Universitario, lo evitaré a toda costa. De la misma manera, el Hospital de Día también sufre de personal especializado, sufriendo las consecuencias los que tenemos un pulmón tocado y un okupa ilegal oncológico dentro de las entrañas de nuestros cuerpos.
La consejera de Sanidad del Gobierno de Canarias, Esther Monzón, junto con el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, deberían darse una vuelta por los pasillos tercermundista de los servicios de Urgencias del Hospital Universitario de Canarias, con el objetivo de comprobar cómo están cientos de pacientes sin camillas ni sillas de ruedas, gritando de dolor sin que nadie pueda atenderlos en los momentos más puntuales. Claro está que la mayoría de la clase política tiene sus seguros privados y no les hace falta la sanidad pública, pero, por lo menos, por dignidad y empatía humana, deberían hablar con los sanitarios, los cuales ya están cansados de tantas promesas y cuyos resultados vienen siendo nulos.
Por último, no es nada nuevo si digo que la sanidad pública de Canarias viene siendo tema de debates entre las clases políticas, sindicatos y personal sanitario. De momento, las negociaciones siguen sin consolidarse y el problema continúa estando ahí. Ésa es la realidad. Yo espero que nuestra sanidad pública nunca desaparezca, deseando que mejore en todo lo que sea posible.
