Nadie acudió a la investidura de Maduro, sólo Meloni asistió a la investidura de Trump. ¿Qué ocurre? Que las perspectivas se concretan y las resistencias también. No se sospecha, se advierte, y desde el primer día que pisó de nuevo el despacho de la Casa Blanca el mandamás. Varias premisas en consigna: expulsión de inmigrantes irregulares, la libertad de los presos por los sucesos del Capitolio, que son los suyos, y freno al colectivo LGTBI. Y de ahí lo que va a venir. En primer lugar, el capitalismo tildaba al libre comercio como esencial para ser; por eso las grandes potencias ocupaban el mundo. Ahora la cosa ha de cambiar porque tal asunto afecta a sólo uno de los factores en juego, el país al que representa el dignatario, y no es propio compartir el privilegio con la UE, Japón, la India y no digamos China. Luego, productos españoles cruzarán el charco a la gran nación de naciones, pero pagando el estipendio correspondiente. Así es que los estados agredidos por tal factor han de moverse. Bases sí, pero, si antes 100, ahora 200 para compensar. Y así se llegará hasta lugares desde hace tiempo ignorados, porque las sociedades maduran y los concilios también. Se aducen, además, discrepancias clamorosas sobre lo que ocurre en el planeta, desde las energías renovables a los factores que inciden en el cambio climático. De lo cual se deduce que los países consecuentes obtendrán entre el 70 y 80% por la dicha energía, que reducirán considerablemente el uso de los petróleos y el país del bendito en su función. Digamos que del primero al último de los pormenores se justifica por la razón y la lógica más íntegra. Si estamos destruyendo el mundo, ¿no lo salvamos?, ¿nos mudaremos a otro lugar? ¿Quiénes, los divinos súper ricos que se apostan a su alrededor? Porque detrás de esa intriga lo que se verá es la espita del atropello y de la ausencia del respeto debido. Pues esa entidad no sólo es grande, sino que ha de serlo en la correcta proporción. De donde, si los ingenieros propios construyeron el Canal de Panamá, ha de ser suyo, pese a los acuerdos históricos de soberanía; si hay una gran isla en Europa que conviene (Groenlandia), ha de ser suya para controlar a los rusos y un estado llamado Canadá no viene a cuento, todo el norte es Estados Unidos. Es decir, por todos los factores el orbe cambiará de faz. ¿No se reconocerá ya jamás? Ahí nos encontraremos, con lo incondicional. Europa no cuenta con los interlocutores que se le supone; cuenta con los asiduos, Abascal o Meloni, con los que hablará Trump. Se dirá que Meloni y Abascal no son Europa, pero ahí están. Y desde ese fondo se reconocerá la carga siniestra contra la libertad.
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