en la frontera

La relevancia de la dignidad humana

La dignidad humana en un Estado social y democrático de Derecho es la piedra angular del edificio, su principal y más sólido fundamento. Sin ella ni hay Estado digno de tal nombre ni sistema político capaz de proteger y defender a las personas y sus libertades. Por eso, desde diversos ángulos y perspectivas, la dignidad humana se nos presenta como la esencia misma del ser humano, el solar desde el que las personas pueden desplegar sus libertades solidarias. Y siendo el ser humano previo al Estado y a la sociedad, es lógico que lo que mejor le define y le sitúa como sujeto de derechos, su dignidad, ha sido objeto de estudios y análisis en todos los tiempos y lugares, tal y como ya hemos examinado en el capítulo anterior. En este sentido, la dignidad humana debe estar reconocida en el Derecho Positivo como la principal norma del ordenamiento, como el fundamento mismo del Derecho y como fuente de los derechos que llamamos fundamentales, o humanos, así como de todos los derechos subjetivos en sentido amplio. No es un concepto filosófico solamente, debe tener consistencia normativa, pues el Derecho, tal y como hemos señalado, en todos sus órdenes y manifestaciones, no tiene realmente más función que la de protegerla tanto en la dimensión privada como pública. A lo largo de la historia, hemos comprobado como la lucha por la dignidad humana ha sido, y es, una constante de la tensión entre la libertad y su intento de control y dominación por el poder, cualquiera que sea su naturaleza. Hoy, también. En efecto. Hoy asistimos probablemente a uno de los episodios más dramáticos de nuestro tiempo en el que la vida y los derechos de las personas, también su intimidad, se ofrecen en el altar de la tecnología con tal de ingresar a un mundo virtual en el que la real realidad se desvanece para surcar un mar de ensueño y de posibilidades que terminan por alienar, y de qué manera, a tantos y tantos hombres y mujeres que se encuentran sin capacidad y temple moral para resistir la agresión de la nueva doctrina. Por eso, nos va mucho, muchísimo, en la defensa, con uñas y dientes, de las libertades, o lo que es lo mismo, de la dignidad de todos y cada uno de los seres humanos.