garachico en la historia

Los días tristes

Por Carlos Acosta García

Nada nuevo digo ahora si me atrevo a afirmar que, a lo largo del tiempo, ha sufrido el puerto de Garachico una serie de amargas situaciones que llegaron a ponerlo al borde de una desaparición total. El mar, el fuego, la peste… fueron casi acariciadores, si comparamos su actitud con la del volcán de 1706; pero no puede negarse que más de una vez y más de dos fueron las muertes unos acontecimientos constantes, como numeroso fue también el éxodo de familias enteras, lo que hizo parecer la situación como salida masiva de habitantes locales hacia otros lugares. Sobre todo, en la década que se extiende entre los años 1630 y 1640. Fue una década en la que la Villa del Roque soportó una temporada de males enviados por la Naturaleza. Ocurrió, por ejemplo, con el empuje imparable del diluvio de San Dámaso, en el que una atroz lluvia llegó acompañada de desolación y muerte el 11 de diciembre de 1645.

Fue entonces cegado en una extensión considerable nuestro puerto y, como demostración de esta afirmación, les hacemos llegar las palabras que aclaran que hubo cronistas que, al estudiar la tragedia, nos afirman que fallecieron más de 100 personas, al tiempo que, gracias a tales cronistas, sabemos que se perdieron, por culpa del mal tiempo, 300.000 ducados. Y, como el puerto parecía estar elegido para soportar las más crueles singladuras, entró en sus aguas la tragedia con la desaparición de 14 embarcaciones que había en la pequeña bahía garachiquense. Y aunque estos datos hay que incluirlos en el desarrollo del siglo XVI, todavía en el XVIII se seguían notando las consecuencias de tantos sucesos encadenados por la mala suerte y por el empeño de la Naturaleza de tenernos encerrado en sus peores sentimientos. El puerto de Garachico, todavía vivo en nuestras mentes, da la sensación de no querer acercarse de nuevo a la que fue siempre su cuna.

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