tribuna

Nueva hermandad

Por Carlos Acosta García.| El mismo año en que ciñó la corona de España don Felipe II comenzó Garachico a exponer a los fieles el deseo de contar con una sección de la llamada Hermandad de la Misericordia. Los vecinos eligieron como preboste, con fecha 8 de septiembre del citado año, a un personaje muy devoto, llamado Gabriel Hernández, al tiempo que los frailes franciscanos cedían muy gustosamente el solar aledaño al convento con el fin de que en él se pudiera construir su lugar de reuniones, lo que se consiguió pronto, gracias al sincero trabajo de varios sectores de la población. En el salón elegido se celebraron interesantes reuniones para las que siempre estaban dispuestas a colaborar las personas más importantes de la localidad garachiquense. Como ejemplo podemos citar que el prioste don Juan Francisco Ximénez de Calderón donó la soberbia Cruz de Plata en 1601, “si podía vivir la coincidencia de gozar las fiestas de San Juan y Corpus el mismo día”, teniendo la satisfacción de ver tal coincidencia. No en vano vivió 120 años. Esta hermandad pudo contar con muchos privilegios desde los primeros años de su existencia, tanto pontificios como reales. El Papa Sixto V concedió en su bula del 30 de septiembre de 1589, unas indulgencias especiales, mientras Felipe IV, por su Real Cédula de fecha 26 de abril de 1647, excusa a los hermanos de esta Cofradía de velas, quintas, centinelas y otras concesiones personales, “excepto en caso de alarma”. Todo ello hizo que Garachico viera crecer muy positivamente la vida religiosa, además de la comercial y portuaria.

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