opinión

Quizá es demasiado tarde, princesa

Por Tachi Izquierdo

Buena parte de la isla de Tenerife se ha volcado con la visita, un año más, del buque escuela Juan Sebastián Elcano, generando gran expectación la ilustre guardiamarina que venía abordo, Leonor de Borbón, que completará la singladura de formación necesaria para alguien que aspira a liderar la Jefatura de Estado, como también lo hiciera su padre, el Rey Felipe VI, que también formó parte de esta tripulación. Leonor arribó a estas tierras un día cualquiera de una semana cualquiera, en esta isla de sinsabores y causas pendientes.

Cuando la admirada, representativa y elegante embarcación enfocó la proa al puerto capitalino, la tripulación, ajena a los padecimientos en esta isla se volcó en la pompa y jolgorio que ha despertado este nuevo paso por Tenerife. Nada tiene que ver, la joven aspirante a la Corona con la crisis aguda y a la vez crónica que se implanta en el Hospital Universitario, nuestro siempre admirado y defendido HUC, desde cuya ala sur se podía observar la elegante figura de la embarcación y el contoneo de su espectacular velamen mientras se acercaba a tierra.

Desde la lejanía y en el rumor de las olas, no se aprecia el mar de fondo que afecta a las urgencias en esta isla atlántica y sin rumbo, en la que se dan bien las acogidas calurosas y los reconocimientos populares, pero también, en ocasiones, se olvidan ciertos detalles para no afear lo propio.

Se fue la princesa de Asturias, y nadie se habrá percatado de aprovisionar sus conocimientos con el padecimiento de pacientes y familiares de este centro, a los que cada día intentan atender con la máxima profesionalidad y cercanía los profesionales de esta maltrecha sanidad y el sistema que ella misma se ha montado.

Se fue, y ya es demasiado tarde, como cantó Sabina, el cantautor amigo de sus padres, y con ella se lleva un recurso de cariño y color de los lugareños, pero atrás quedan excusas, las mismas de siempre y mucho sufrimiento.

Coincidiendo con el amarre del buque escuela al resguardo del puerto de Santa Cruz, también se volvió a vivir y se sigue viviendo, un nuevo episodio en el que decenas de ambulancias quedan varadas en el HUC, por la incomprensible falta de camas con las que acoger a los pacientes que son llevados al centro.

Difícil episodio de explicar, porque esta carencia ya cronificada, provoca que decenas de vehículos de emergencia, principalmente del norte de Tenerife, se queden inoperativos, velando su dotación por la camilla en la que inmisericordemente deben permanecer los afectados horas y horas.

Hasta 30 horas, según han narrado muchos afectados, han debido aguardar hasta que les vea un médico. 15 horas afirmo y confirmo yo, que ha tardado una ambulancia solo en recoger a una paciente con una solicitud de un facultativo firmada para ser atendida y trasladada con urgencia. En esta operación, se tardan 24 horas en saber cómo está un familiar.

No se merecen este panorama ni las enfermeras y enfermeros, celadores, ni auxiliares, ni médicos ni nadie. Simplemente, es indigno.

Deberían los políticos y los responsables de este desastre, ahorrarse las excusas de siempre. Ni es puntual ni se debe a la típica incidencia anual de la gripe, que influye, claro. Siempre es lo mismo y son los mismos; siempre la misma inacción y complicidad, mientras nuestra gente, esa misma gente que es acogedora y muestra su alegría por la visita de la princesa y que quiere vivir su paso por la isla, sigue padeciendo las decisiones de miseria.

Es demasiado tarde; incluso para una princesa que aspira a la representación más elevada, pero lo es para cualquiera. La solución no llega y la realidad viene en forma de cartel, justo a la puerta de las urgencias, en el que se pudo leer hace poco: “No hay médico de triaje”. Terrorífico; más sufrimiento, más carga para el personal.

En esa montaña rusa en la que se amontonan las ambulancias que se ven obligadas a esperar a capricho, convirtiendo el pasillo de acceso a las urgencias en la residencia improvisada de las dotaciones, solo con la lectura de los indicativos de los vehículos se puede sacar el mapa del riesgo que corre nuestra población por la ausencia de una asistencia de urgencias.

En una tarde cualquiera, y sin pretender ser alarmista, solo con la mera observación, se puede comprobar que la segunda ciudad de la isla, La Laguna, tenía todas sus ambulancias ancladas en el HUC, incluido Tejina. En esa geografía de la indiferencia y la incompetencia, se pude comprobar con vértigo que lo mismo pasa con el Valle de La Orotava y zonas que abarcan comarcas competas de nuestro territorio.

Ahí también florecen las excusas y en las llamas al 112 trasladan el mismo mensaje y la misma impotencia. Es absolutamente incomprensible, que un servicio de emergencias se justifique y cuantifique de manera sistemática que los traslados y movimientos de pacientes pueden llegar a durar casi un día en realizarse y que las dotaciones de las ambulancias pasen sus turnos de 24 horas sencillamente esperando y desesperando por fuera de los hospitales.

Cada día es un milagro, como es un milagro el día a día de los sanitarios, poco reconocidos, humillados y obligados a desenvolverse en un ambiente donde ya no se distingue el bien del mal y en el que ya ni siquiera se permite a nuestros mayores estar acompañados de un familiar, por mucha “doble A” que lo avale y lo reconozca en las tarjetas sanitarias. “Son órdenes de arriba”, repite impotente el personal, como si estas decisiones y este caos, quien los genera, tiene el empeño de que se sepa que es la obra de un ser superior.

Tanta miseria requiere de un tratamiento a una altura absolutamente diferente, es preciso y urgente que todos aquellos que se sienten por encima de los demás en este conflicto no resuelto, bajen a lodazal que están creando para obligarles a abrir los ojos y buscar una solución definitiva.

Si ponemos la vista atrás en el tiempo, hace ya más de 10 años que los titulares que predominan sobre este servicio de urgencia definen la situación como “colapso y caos”, y que la prensa de estos días los sitúa ya a la cabeza a nivel nacional de los peores. Pobre récord, pero pobre visión también, puesto que ese efecto ya ha llegado a las puertas de buena parte de los tinerfeños y del resto de la provincia, ya que este descalabro en cadena acaba por afectar a los centros de salud, donde las esperas, las carencias y los efectos sobre el personal se clonan.

El HUC cuenta con 120 camas de observación, una cifra pura y dura, pero otra cosa es lo que se haga con ellas y lo que los expertos consideren sobre esa cantidad. Igual que en dicho centro hay 20 pacientes en las urgencias con alta administrativa, pero no se encuentra para ellos una plaza sociosanitaria para ser atendidos adecuadamente.

Tal vez, no sea demasiado tarde, princesa. Pero sí es una pena que, en su visita, a alguien se le olvidó contarle que en esta tierra hay otras realidades, en las que no tiene ninguna responsabilidad.

Feliz viaje.