Trump lo arreglará todo. Esto es lo que se escucha a sus simpatizantes que inundan las calles de Washington. Lo dicen allí y el eco llega al resto del mundo. ¿Qué es lo que hay que arreglar? Porque si todo estuviera bien, como dicen algunos, la gente no estaría llamando al fontanero. En lugar de decir que viene el lobo, reconozcamos que algo está mal y tratemos de arreglarlo. Y si no sabemos lo que está mal porque nuestra ceguera no nos permite verlo, preguntemos a la gente y ella nos dirá cuáles son las cosas más urgentes que echa de menos. Yo no creo que Trump lo arregle todo, pero el hecho de que se sustente en una demanda tan aparentemente universal nos obliga a prestar un poco de atención a lo que ocurre. La cuestión estriba en que lo que para unos es un problema que es urgente resolver, para otros no lo es. Y no se trata de necesidades sino de ideologías. Uno de los objetivos globales es la igualdad, pero la igualdad no se alcanza cuando todos poseen un móvil y confunden su libertad con el libre acceso a las redes. No solo con eso. El móvil es el mecanismo engañoso que nos hace creer que estamos interconectados por medio de una ficción inalámbrica. No a todos les satisface porque el contenido de la información y los mensajes está fuera de su control. Entonces se habla de bulos versus libertad de expresión y cosas por el estilo. Esto, por supuesto, no lo va a arreglar Trump. En todo caso lo hará a su conveniencia y seguirá minando al mundo del progresismo que se siente amenazado cada día que pasa. Trump arreglará algunas cosas, pero no todas. Intentará imponer un modelo, un nuevo orden basado en que nadie se gastará un esfuerzo más del necesario para poderlo implantar. No será un orden blando. Será un orden basado en otras cosas. Las reglas de las transacciones comerciales serán donde se asienten las seguridades tan necesarias para seguir adelante. Esto se llama dar un protagonismo extraordinario al sector privado. No en vano es de donde provienen la mayoría de sus apoyos y, sin duda, los miembros de su Gobierno. Lo privado tiene una difícil convivencia con lo público y de esa guerra no nos vamos a poder escapar. Aquí se dice que procuraremos adaptarnos a esa realidad, con ese vamos a llevarnos bien, a no hacernos daño. Todos se escandalizan de que haya llegado al Capitolio escoltado por Milei, por Bukele, por Meloni, por Urban y por Abascal. Eso es solo la foto. Esa foto la tendrán que acreditar en sus respectivos países y no todos van a sacar la misma rentabilidad por mostrarse amigos. Europa anda recelosa, pero en lugar de llorar por los rincones debería presentar un bloque de autoprotección intentando rectificar los errores que han provocado entregar las mayorías a políticos poco recomendables. En el fondo, siempre es porque se han desarrollado políticas erróneas que hacen crecer el descontento de las mayorías. Si Trump constituye una amenaza hay que ponerse las pilas, no hacer manifiestos ni movilizaciones ni buscar firmas para pedir su dimisión. Así no vamos a ninguna parte.
