Si la detección temprana tiene una gran importancia a la hora del abordaje de un cáncer, mejorar la supervivencia y disminuir los riesgos de sufrir secuelas médicas o psicológicas, que pueden impactar en la calidad de vida de los pacientes y su entorno, en el caso del cáncer infantil lo es aún más. Los profesionales sanitarios deben estar más atentos y ser más empáticos con los menores si expresan malestar o dolor. Un ejemplo es el de Tatiana, que desde los 8 años lloraba cuando le tocaban la mano izquierda y cuando fue operada, seis años después, de ese bulto que había crecido, la biopsia reveló un sarcoma.
Tatiana Delgado Delgado tiene actualmente 15 años y estudia 4º de la ESO en el IES de San Benito, en La Laguna, donde desde enero intenta retomar las clases tras perderse el primer cuatrimestre por los tratamientos de quimio o radioterapia, que finalizaron en noviembre, y sus efectos secundarios. Todavía le cuesta concentrarse, ponerse a estudiar y se cansa.
Cuestionada qué sintió el día que le dijeron que tenía un cáncer, Tatiana señaló que “pensé que podía ser algo malo cuando fueron a hablar con los médicos y no me dejaron entrar. Cuando me dijeron que era un cáncer y que me tenían que dar quimioterapia, me embajoné”.
Recuerda que tenía un bulto en la mano izquierda desde hace 7 años y que le molestaba cuando se tocaba o recibía un golpe”. En el colegio cuando era más pequeña, cuando la tocaban lloraba y los compañeros de clase “me decían que no se quejara, que parecía una niña de cristal, pues era un cáncer”.
Sandra recordó que, en el Centro de Salud, le decían: ‘Eso no es nada’, sin darle importancia, pero le cogías de la mano y lloraba del dolor. Con el tiempo “seguí insistiendo” y, ahora más que nunca, sigo diciendo que “es importante revisar y nunca dar por hecho nada”, que puede que no sea grave pero en este caso sí lo fue, y se pudo haber quitado muchos años antes.
Con 13 años ese bulto ya era mucho más grande así que insistió en que lo miraran. Una ecografía puso más dudas y la biopsia salió no concluyente, sin embargo, la traumatóloga decidió operarla y quitar ese bulto para estudiarlo. El 28 de junio de 2024 fue la operación y retiraron el sarcoma. Cinco días más tarde le dieron los resultados de la nueva biopsia. “Cuando nos llamaron a la consulta nos dijeron que era un cáncer”, recordó.
“Fue un palo, sobre todo en las primeras horas, no te lo crees, pero no me derrumbé sino al contrario, me armé para estar bien fuerte y al 100% apoyando a mi hija”. Si hay inquietud o temor “te lo vas tragando y no te puedes venir abajo, son momentos en los que tienes que estar dándolo todo”, con el paso del tiempo se va asimilando, y “ahora lo veo como un mal sueño, ha sido todo muy rápido, menos de un año”, dijo Sandra. A partir de julio Tatiana comenzó las sesiones de quimio, que fueron muy duras, y en noviembre finalizó la radioterapia.
Sandra destaca que siempre ha sido muy positiva. “Tenía la fe de que el sarcoma no habría tocado los huesos, no se había extendido, que no iba a ser nada más. Sigo teniendo esa fe de que no volverá y esperamos que quede limpia, que continuará sus resonancias y rutinas de control, que con el paso de los años irán alargándose”. El próximo viernes Tatiana tiene una cita para una tomografía de emisión de positrones (PET) para descartar si el cáncer continúa.
Durante la charla, la madre asegura que se considera una afortunada y, aunque han tendido este mal trago, lo están remontando. “Creo que hemos tenido mucha suerte y me considero afortunada porque hay muchas madres y padres sufriendo en el hospital, con sus hijos en tratamientos muy complicados y, sobre todo, es horrible cuando son muy pequeños”.
Durante todo este duro proceso ambas han tenido el apoyo familiar, especialmente de la abuela Edmunda. “Es todo un amor” exclamó entusiasmada su nieta, y Sandra recalcó que “ha sido un gran apoyo, ha sido muy colaboradora y cuidadora”.
Por su parte, Edmunda señaló que Tatiana “ha sido una paciente maravillosa, además es muy fuerte y valiente”, ya que “si lo hubiera vivido yo, no se cómo lo hubiera superado”, mientras que de su hija Sandra destacó “su fortaleza y que ha sido capaz de echar para adelante y ser muy positiva”, recalcó.
A Tatiana le encanta la música, bailar, dibujar y el deporte (jugaba al voleibol en el Yejarafe de San Matías), pero ahora está pensando si volverá.
Tatiana se siente tranquila y en familia cuando acude a la sede de la Asociación
Un apoyo fundamental para las familias viene desde las asociaciones como Pequeño Valiente y los servicios y ayudas que ponen a su disposición.
“Nosotras conocimos a Pequeño Valiente después de que salió del hospital porque nos la recomendaron y ha sido importante su ayuda tanto en actividades, excursiones, fines de semana de respiro tanto para la niña como para la familia, además de todos los servicios que tiene”, reconoció Sandra. “Para nosotras ha sido un apoyo importante y cuando ella acude se siente tranquila y en familia”.
Tatiana acude cuatro días a la semana a la sede en Finca España “donde Sonia la apoya en el estudio, Sara se encarga de las actividades deportivas, y Mariani le hacía el trabajo de fisioterapia, y ahora la echo de menos”, reconoció Tatiana pues “hablaba mucho y casi era como mi psicóloga”.
Agradecieron también a Sonia que fuera a hablar con los profesores del Instituto para que entendieran que a Tatiana “le va a costar un poquito más los estudios, porque ahora está como en modo recuperación”, y pese a seguir las clases via online, “muchos días no tenía fuerzas para conectarse”.
También han ayudado a Sandra, que es autónoma, a arreglar la documentación para poder estar acompañando a su hija en todo este proceso y para que sea reconocida el 33% de discapacidad por padecer un cáncer infantil.












