de remplón

El tedio y la corteza prefrontal

Me dice el escritor y periodista Juan José Millás que en Morro Jable siempre es domingo por la tarde. No sé si será verdad. Nunca he estado en este pago majorero de Morro Jable un domingo, y menos por la tarde. Seguro que se refiere a la sensación de vacío que suele acudir a nuestra mente si uno anda desocupado en ese punto del finde. De remplón, el reconocido articulista me trae al tino el tema del aburrimiento y sus nefastas consecuencias. Algo que ya apuntaron algunos pensadores en el siglo pasado. Y no lo entiendo. Hoy tenemos de todo y nos aburrimos.


¿Aburrirse? Hoy los entretenimientos son muy variados, como los perfiles que leen este periódico; y por eso no se entiende que el tedio acuda a nuestras vidas, a nuestra incierta vida normal, que diría el psiquiatra Luis Rojas-Marcos. Hoy cualquier manifestación o alteración de nuestro ánimo tiene una explicación biológica, por lo visto. Y en caso de que nos aburramos y no tengamos claro el horizonte existencial, siempre nos quedará arreglar los desajustes en esa ignota zona del cerebro que llaman corteza prefrontal (ay, mi cabeza). Algo que suena como a falta al borde del área grande.


Corteza prefrontal, serotonina y dopamina son tres términos que suben y bajan como la bilirrubina de Juan Luis Guerra y la cuatro cuarenta. Son términos de uso común en boca de especialistas, revistas de salud, y en los artículos que nos dicen lo que tenemos que comer y cómo debemos lavarnos las manos. Ya les digo que lo de aburrirse hoy, más que nunca, es una clara opción de nuestra voluntad porque entretenimientos tenemos a punta pala. Y esto lo sabían hombres de acción del Renacimiento como León Battista Alberti. Él daba poca importancia a la fortuna, solo los que se someten a ella se convierten en sus esclavos. Y afirmaba que el hombre no había venido a este mundo para marchitarse yaciendo sino para estar de pie haciendo, para estar activo, y no para entristecerse en la ociosidad.