de remplÓn

Los huevos ya son buenos

Según se sabe, hay muchos gallos y gallinas sueltos en la isla. ¡A lo que han llegado los gallos! Antes anunciaban las horas de la madrugada, aparecían en las catacumbas como un símbolo crístico. Signo de bienestar. Proclamaban, sin cortarse una pluma, la proximidad de un gallinero. Su figura siempre estaba en lo más alto de las catedrales a merced de los vientos reinantes; desde arriba, desde los tejados sagrados, contemplan a los ateos y a los creyentes, a los agnósticos y a los indiferentes que pasan de todo. El gallo ya no es aquel animal con plumas que espantaba las sombras maléficas de la noche, y abría el pico para pronunciar el alba. Para atraer la luz.

Y es justo ahora, con las gallinas asilvestradas y sin tino por los andurriales anónimos, cuando el canto del gallo se ha convertido en un elemento perturbador en medio del bullicio urbano. Es lógico. No es lo mismo escuchar su canto lejano en el campo, que tener un gallo pegado en la oreja o simulado en un despertador moderno. Y esto sucede justo ahora que la ciencia médica le ha quitado la etiqueta chunga a los huevos. Nunca han sido perjudiciales aunque nos metieron el miedo en el cuerpo, y no digan que no, con el colesterol malo y eso. Dicen los nutricionistas que nos podemos comer un huevo diario y no pasa nada, que podemos dormir toda la noche sin comernos el tarro.

Y eso ha hecho que el consumo de huevos haya subido una barbaridad en Canarias. Sus bondades han sido sembradas a los cuatro vientos en las redes por gente de buen comer, y también por biólogos y teólogos. El huevo, de momento, no lo podemos fabricar y menos con el misterio que lleva implícito. Es alimento y germen de una nueva vida con patas y pico, a la vez. Se necesitan más huevos en estas islas atlánticas y no caben más gallinas. Ellas, las pobres, son solas para todo. Y no les da la vida para cubrir una demanda avalada por los expertos, que afirman ahora que los huevos no son tan malos.