tribuna

Un buzón para llegar a fin de mes

Está recién salida del horno, aún calentita, la propuesta de la patronal canaria, la tinerfeña para ser más específicos, de crear un buzón para que unos trabajadores denuncien a otros si creen o piensan que están de baja “sin merecerlo”.

Esto, como todo en los asuntos públicos, es una cuestión de poder y de equilibrio entre las partes. Poder entendido como la capacidad para imponer tus deseos y los marcos de debate social en función de tus intereses, y para imponer esos deseos y debates no hace falta que estén basados en realidades, basta con que te venga bien hacerlo y tengas los mecanismos para conseguirlo. Ese es el ejercicio del poder. Por eso se habla de denuncias de violencia machista falsas, de okupaciones o de bajas fraudulentas. Se utilizan hechos concretos que existen, pero no son ni mucho menos estadísticamente mayoritarios, para generar impactos ficticios que sirvan para restringir derechos. Así de crudo y así de real.

El buzón para bajas “no merecidas” es un ejemplo perfecto de eso. Es un buzón que actúa no solo como conducto de delación frente al patrón, al más puro estilo de principios del siglo XX, sino, sobre todo, como una cortina de humo del tamaño de las brumas del Alisio para tapar un modelo económico y un marco de relaciones laborales que genera inmensas riquezas para los proponentes del buzón mientras que deja en la precariedad, el miedo y la ansiedad crónica a todas las personas trabajadoras aspirantes a chivatas.

Tenemos la mayor distancia -y con diferencia- de todo el Estado español entre el PIB generado y los salarios que se pagan por generarlo. Es un escándalo. Somos el séptimo territorio en generar riqueza de todo el Estado y a cambio nos pagan los peores salarios, solo superados en racanería por Extremadura.

Cobramos menos, trabajamos más horas extras -que nadie nos paga-, tenemos las mayores tasas reales de parcialidad no deseada -que hablando en plata significa que la gran mayoría de las personas que tiene un contrato a tiempo parcial desean, más bien necesitan, un contrato a jornada completa y no les ofrecen esa posibilidad- y encima nos quieren levantando camas, conduciendo guaguas o dando martillazos hasta los 67 años. Pinta muy socialmente justo y humanamente sostenible el panorama.

Por supuesto, todo esto, condicionado por el miedo constante a perder ese ingreso, el clásico “si no te gusta, ya sabes dónde está la puerta, hay 200 como tú esperando”. Un clima laboral en muchas ocasiones dominado por la coacción, la amenaza velada o directa y la imposibilidad real del supuesto derecho democrático a la organización sindical.

Pero oiga, el problema real del mercado laboral en Canarias son las bajas fraudulentas. Mejorar las condiciones de trabajo y repartir un poco mejor el pastel para subir los salarios eso ni se plantea, pero convertir a toda la gente trabajadora canaria en sospechosa de fraude y afirmar indirectamente que las profesionales del Servicio Canario de Salud cometen ilegalidades en su trabajo cotidiano, eso sí es la solución perfecta. Canarias, el paraíso soñado. Vivimos tan bien que ni enfermarte puedes.

Y mientras, los poderes públicos canarios, que se llenan la boca hablando de lo fabulosa que marcha la economía y sacando pecho de lo bien que gestionan las competencias que tienen transferidas, casualmente olvidan que las políticas de empleo son competencia también de la Comunidad Autónoma. El Gobierno de Canarias tendría mucho que decir y hacer al respecto, y actualmente afirmar que son un convidado de piedra es casi hasta un piropo dada su total y absoluta inacción ante un drama que afecta a la inmensa mayoría de la población del archipiélago.

Impulsar la negociación colectiva de manera activa, facilitar, priorizar y proteger la organización de la gente trabajadora, presionar para conseguir coeficientes reductores de la edad de jubilación en los sectores con condiciones más duras de la economía insular o trabajar decididamente para diversificar el modelo productivo desde el ámbito laboral con políticas activas son solo algunas de las cosas urgentes y necesarias que debería hacer desde ayer el Gobierno de Canarias y que no ha hecho. Ni el actual ni los anteriores, por desgracia.

Por desgracia para quienes nacimos obreros y obreras, claro. Hay a quien le viene muy bien que las relaciones laborales estén regidas por la ley de la jungla, donde el más fuerte se impone y los poderes públicos están ausentes.

Pero nada es eterno y poco a poco la gente trabajadora canaria va sacudiéndose el miedo y va organizándose tanto sindical como -ojo- políticamente, sin complejos, en nuevos espacios que tienen claro que las condiciones de trabajo decentes son la columna vertebral de cualquier cambio de modelo a mejor en nuestra tierra. Partiendo de ahí sí que podremos construir el paraíso, con nuestras propias manos, como todo lo que nuestra torrontuda historia nos demuestra.

*Concejal de Drago Verdes Canarias en La Laguna