tribuna

Vivir en los años 80 y 90, permanentemente

Está empeñada cierta clase política de esta isla de Tenerife en someternos a comportamientos más prácticos en décadas pretéritas, aplicando permanentemente el reclamo de las grandes obras para un futuro por venir, dejando a un lado los problemas inmediatos y cotidianos.

He seguido esta actualidad ya pasada en la prensa local, redes sociales y también en los rebotes de este tipo de noticias en los medios hablados, donde muchos argumentos están relacionados con la segunda pista del Reina Sofía o sobre el proyecto del tren del Norte… A mí me parecen muy recurrentes y trasnochados, pero, también he visto otros contenidos que, tal y como están planteados, no dejan de ser oportunistas, porque en el pasado lo fueron y lo siguen siendo. Un ejemplo: entregar los aparcamientos que quedan en Santa Cruz al cobro por su uso.

Ya lo hizo Miguel Zerolo.

Ya lo sufrieron y lo volverán a sufrir los mismos: Los ciudadanos. Nada nuevo.

Entre las ventajas de cumplir años, podemos encontrar una que es la posibilidad de comprobar que ahora se pretenden hacer cosas que otros intentaron o ya pusieron en marcha. Así, ya sabemos los pros y los contras, pero también detectamos las mentiras, las faltas de originalidad y las nuevas tomaduras de pelo con más de lo mismo.

Los viejos problemas lo son porque los responsables no hicieron nada por resolverlos en su momento. Curiosamente, políticos y partidos de los 80 y los años 90, que siguen en el nuevo siglo, sacan de sus gavetas las grandes ideas y esos grandes proyectos que exhiben sin rubor y sin memoria.

Vaya, de nuevo nos convencen de que nuestro territorio es limitado, de que moverse por nuestras carreteras es un infierno, de que hay infraestructuras que nunca llegan, de que el campo se abandona o que no se puede depender del turismo únicamente como modelo económico. Cuántas promesas incumplidas y cuántos ríos de tinta y palabras con las que no se hizo.

Ese modelo de territorio, de sociedad e ideas se malgastaron hace tiempo. Ese es el mismo modelo con el que convivieron las grandes superficies, el asfalto a tutiplén y un turismo desenfrenado. Eso lo saben estos políticos, que son los mismos de hace 40 años y que ahora vienen a repetir el mismo debate con los mismos argumentos, con los que lograron un colapso en las carreteras, un paro galopante, un modelo de desarrollo insostenible y acaparar una población que no para de crecer en medio de este panorama.

Por muchos titulares que se publiquen, con proyectos más grandes de lo que puede aguantar la tipografía, esta isla no está preparada para esa visión alejada de la realidad y que solo sus promotores son los responsables por utilizarlos como salvavidas político.

Es curioso que solo haya espacio en las cabezas de nuestros representantes públicos para los grandes proyectos y que el cariño que le prestan a las pequeñas cosas, las que nos hacen felices y facilitan la vida de los tinerfeños, no les dedican ni el más mínimo esfuerzo. No son ni han sido capaces de proyectar el Tenerife que nos merecemos, sino el que quieren a su imagen y semejanza, y la de los sectores influyentes.

El modelo que se vendió hace más de 30 años y que ahora se quiere repetir y enmendar, no funcionó, y ahí está el tiempo y las consecuencias para demostrarlo. Ejemplos hay a punta pala: Puerto de Granadilla, torres de Vilaflor, polígonos industriales, ampliación del viario, ley de grandes superficies, turismo, etc, etc. Cada partido tiene su batalla particular es esos grandes proyectos. Todos las tienen.

Todo es pan para hoy y, como siempre, hambre, mucha hambre.

Los proyectos no avanzan; se eternizan y se utilizan. Vuelven una y otra vez, pero nunca se adoptan soluciones. Un ejemplo: la TF-5. Nuestra clase política no se puede permitir el lujo de poner sobre la mesa cualquier otra infraestructura que no sea esta, en la que cada día miles y miles de tinerfeños o empresas pierden el tiempo inmisericordemente porque ya no responde a ese proyecto de grandeza que se había proyectado y permitido.

Vivir del pasado no es ni bueno ni malo, pero pretender que toda una isla lo haga, tarde o temprano tendrá sus consecuencias. Ahora viene el concurso para el tren, convocado a nivel internacional, por supuesto, con el bombo y la pompa de siempre, que contendrá en sus cláusulas las pertinentes puntualizaciones sobre sostenibilidad, pero que volverá a tensionar a la población y su defensa del territorio, ya que una obra de este calado ejercerá presión sobre el mismo, como hizo la TF-5, pero con una población con otros valores y necesidades.

En fin, será lo de siempre: titulares contra realidad.

De hecho, el último titular es muy reciente, ya que parece que el Estado y Europa se pueden hacer cargo de los trenes canarios. Madrid, el Madrid de siempre, quiere declararlo de interés estratégico, para lo que se firmará el consecuente convenio, para pagar la construcciónen 10 años, prorrogable durante otros 7.

El secretario de estado de Transportes y Movilidad Sostenible, José Antonio Santana, dijo con respecto a los dos ferrocarriles canarios previstos, que esperaba que estuvieran “más pronto que tarde” y habló de “bajar a tierra los proyectos en estudio y diseño”.

Me temo que serán muchos los años en los que se quedará este proyecto en maceración administrativa. Un tiempo con tensiones sociales a la vista, puesto que un planteamiento como este no es inocuo y su financiación también se cobrará otro tiempo importante que ya no tenemos en Tenerife, isla saturada y maltratada en muchos aspectos y con escasas soluciones, que no siempre pasan por crecer y crecer, sino que, como dice Santana, hay que “bajar a tierra”.

Todo lo demás, es política.