tribuna

¿De qué “español de Canarias” hablamos?

Por Marcial Morera.| Como lo único que tiene existencia tangible es el presente, tendemos a pensar que el mundo fue siempre igual a como lo vemos ahora. Eso es lo que pasa con el español de Canarias, al que se le suele atribuir aspiración de /s/ final de sílaba (“niñoh”, por “niños”, “comeh”, por “comes”…), yeísmo (“yamar”, por “llamar”, “yantas”, por “llantas”…), ustedeo (“Ustedes se quedan hoy en casa”, por “Vosotros os quedáis hoy en casa”…), aspiración de la consonante /j/ (“huego”, por “juego”, “hamás”, por “jamás”…), pérdida de /d/ intervocálica (“la’ntaúra”, por “la dentadura”, “papas arrugás”, por “papas arrugadas”…), neutralización de las consonantes líquidas /l/ y /r/ (“sordao”, por “soldado”, “Calme”, por “Carmen”…), etc., desde tiempos inmemoriales. Esta perspectiva asincrónica es absolutamente equivocada. Como todas las hablas del mundo, el habla canaria tiene rasgos antiguos, como el seseo, la aspiración de la consonante /r/ ante /l/ o /n/ (“cahne”, por “carne”, “Cahlo”, por “Carlos”…), aspiración de /f/ inicial latina (“jediondo”, “jiguera” o “jinojo”, por “hediondo”, “higuera” e “hinojo”) o pérdida de /d/ intervocálica, y rasgos más recientes, como los mencionados ustedeo, yeísmo y aspiración de /s/ implosiva, que son no anteriores al siglo XIX, o la tensión consonántica por efecto de la asimilación de la aspiración de /s/ implosiva (“lo bbarrancoh”, “la ggomah” y “do ddonu”, por ejemplo, por “los barrancos”, “las gomas” y “dos donuts”), de no antes de la primera mitad del siglo XX. Y no puede ser de otra manera, porque las lenguas naturales son hechos históricos más o menos complejos, que están siempre haciéndose, deshaciéndose y rehaciéndose, como la vida misma, precisamente porque de ella depende. Como es natural, los cambios lingüísticos empiezan por un individuo o un punto geográfico determinado y se expanden luego gradualmente durante un tiempo más o menos largo por el resto del dominio de la lengua afectada. Concretamente los mencionados fenómenos de la aspiración de /s/ final de sílaba, el ustedeo y el yeísmo, de procedencia andaluza o americana, es muy probable que penetraran en el Archipiélago por la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria y que, posteriormente, desde allí fueran expandiéndose de forma paulatina al resto del territorio insular, sin que, al presente, lo haya alcanzado en su totalidad, como demuestran la conservación de la /s/ implosiva de los hablantes más veteranos de la isla de El Hierro, el “vosotros” de la isla de La Gomera y puntos de Tenerife y La Palma y la /ll/ de muchas de las zonas más aisladas de las distintas islas del Archipiélago, que son, por tanto, meros arcaísmos lingüísticos. Todo ello pone claramente de manifiesto que en las lenguas humanas hay siempre núcleos innovadores (creadores de neologismos), que son los que tienen más prestigio (la ciudad, la corte…), y núcleos conservadores (mantenedores de arcaísmos), a los que, por su aislamiento, los cambios, sean fónicos, gramaticales o léxicos, tardan más en llegar. Simplificando mucho el problema, puede decirse que en Canarias el habla más innovadora ha sido hasta hoy la de Las Palmas de Gran Canaria y las más conservadoras las de El Hierro y La Gomera. Por eso, cuando se habla del español insular hay que tener siempre en cuenta la cronología, porque no es igual el español de Canarias de los siglos XV y XVI que el español de Canarias de los siglos XVIII y XIX o el español de Canarias de los siglos XX y XXI. Cuando se trata del español de Canarias de los siglos XV y XVI o del español de Canarias de los siglos XVIII y XIX, sería una manifiesta impropiedad hablar de aspiración de /s/ implosiva, de ustedeo, de yeísmo o de tensión consonántica, que, como hemos visto, son fenómenos de desarrollo tardía en el habla insular. Hasta finales del siglo XIX por lo menos, todos los hablantes canarios empleaban la forma pronominal “vosotros”, como los gomeros y otros isleños, y pronunciaban la /s/ final de sílaba, como los hablantes de edad más avanzada de El Hierro. Y, hasta las primeras décadas del siglo XX, por lo menos, todos los canarios distinguían entre /ll/ y /y/, como lo hacen todavía determinados hablantes de las zonas rurales de nuestra comunidad autónoma. Por eso, constituye una manifiesta impropiedad elevar a la categoría de características inmutables del español del Canarias la aspiración de /s/ implosiva, el ustedeo o el yeísmo. Por ejemplo, un novelista que pusiera en boca de un personaje canario del siglo XVIII estos rasgos de pronunciación cometería un clamoroso anacronismo. La aspiración de /s/ implosiva, el ustedeo y el yeísmo son formas de hablar del español de Canarias más moderno, pero no del antiguo. Los hablantes canarios tradicionales eran totalmente ajenos a ellos. Y no por eso eran menos canarios que los canarios de hoy, que aspiran, usan “ustedes” en lugar de “vosotros” y neutralizan la oposición de las consonantes palatales /ll/ y /y/ en favor de la segunda de ellas.

*Catedrático de Lengua español de la ULL

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