Debate sobre el estado de la abstención (I)

Estos días tuvo lugar, como bien saben, el Debate sobre el Estado de la Nacionalidad Canaria, en la máxima cámara legislativa de nuestra tierra, el Parlamento de Canarias ¿Como bien saben?, ¿sí?, ¿seguro? Realmente en este caso, por desgracia, no pasa de coletilla, de frase hecha. Siendo honestas, el debate en uno de los espacios que va a marcar el presente y el futuro de nuestras vidas y nuestros territorio pasa sin pena ni gloria por la sociedad canaria. Y por supuesto no es casual, como casi nada en política lo es.

La distancia sideral que separa el día a día de las ciudades, pueblos y barrios de nuestras islas con lo que ocurre en las instituciones es algo asumido, normalizado y digamos claramente: buscado. Si el pueblo es ajeno a lo que pasa en los sitios donde se toman las decisiones y se hacen las leyes, es mucho más sencillo que esas decisiones y esas leyes les perjudiquen. Ojos que no ven, corazón que no siente. Lo preocupante del asunto es que puede que no veamos o no sintamos, pero padecerlo lo padecemos a diario.

En 1983, recién estrenada Canarias como comunidad autónoma con cierto grado de autogobierno y competencias transferidas -mucho más tarde, por cierto, que otras naciones y pueblos del Estado español-, se alcanzó una abstención en las primeras elecciones, convocadas ese mismo año, del 34 %, aproximadamente. En los dos últimos comicios estuvo cercana al 50 %. En cuarenta años de instituciones propias y democracia representativa, la tendencia consolidada sin discusión en nuestra tierra es un aumento descarado de la abstención, como reflejo de hastío, desgana, resignación, cabreo y frustración.

Como ya dijimos arriba, no puede ser casualidad, no es casualidad. Unas instituciones emanadas de una ley electoral blindada que transmite el mensaje claro a la ciudadanía de que solo votando a los de siempre tu voto vale para algo. Son varios los ejemplos elocuentes al respecto, sin ir más lejos, en el último proceso electoral celebrado en mayo de 2023, Drago Verdes Canarias, una fuerza sin recursos pero impulsada y apoyada por una parte significativa de la juventud canaria, acumuló más de 30.000 votos, evidentemente muchos de ellos salidos de la abstención, y sin embargo, no obtuvo representación en el Parlamento. ¿Qué mensaje se le envía a la población con esto? ¿Qué efectos produce en la gente y en la credibilidad de las instituciones democráticas? Es sencillo ver con nitidez que quizás no sean tan democráticas y que se pueden tirar a la basura de un plumazo la opinión y el voto de todas las personas que caben en el Heliodoro -y muchas más- sin que pase absolutamente nada.

Y para que no digan que barro para casa, voy a citar otro ejemplo sangrante, e históricamente reciente, de un partido que estaba en las antípodas de lo que pienso pero que sufrió en sus carnes este plan premeditado de generar desafección política en el archipiélago. La candidatura de Ciudadanos obtuvo en 2015 la friolera de 54.000 votos, y en virtud de la ley electoral canaria le correspondieron la asombrosa cantidad de 0 escaños. Cero. La opinión de 54.000 canarias y canarios al contenedor azul.

Imposible olvidar, para finalizar con el pequeño recorrido histórico que explica en buena parte por qué estamos actualmente como estamos, la reforma del Estatuto de Autonomía; que se boten votos a la basura por decenas de miles es una aberración democrática, pero que ni siquiera nos dejen votar, es peor. Mucho peor. Y eso fue lo que ocurrió con la -también recientísima- actualización de nuestra norma jurídica de mayor rango. Vivienda, Educación, Sanidad, Sostenibilidad, Movilidad… todas las cosas que nos afectan en nuestra vida cotidiana eran susceptibles de ser cambiadas, mejoradas, ampliadas… o al contrario. Pero no pudimos decidir, no pudimos elegir.

Somos mayores de edad para pagar impuestos, para tener que buscarnos un trabajo que nos permita ir escapando y también para obrar el milagro de tener un techo donde dormir. Pero para votar no, para decidir no. Con esta estrategia clara para desmovilizar y alejar a la población canaria de la política buscan continuar acomplejándonos, buscan que interioricemos la necesidad de tutela externa, buscan que creamos que no somos dueñas y dueños de nuestros destinos y nuestras vidas, pero sobre todo, sobre todo, buscan que nada cambie y que gobiernen siempre los mismos. Un Parlamento con muchas de las mismas caras de siempre, un Debate sobre el Estado de la Nacionalidad de nuestro país, Canarias, con los mismos discursos enlatados, las mismas réplicas previsibles y sobre todo, con la misma lejanía de la sociedad a la que debería representar.

Nos lo ponen difícil para sacar tiempo y ganas de participar política y socialmente, pero sin cambios estructurales que permitan y faciliten la participación real de la sociedad canaria, con información veraz y rigurosa, en todos los asuntos que nos afectan, vamos a seguir insistiendo. Puede parecer una locura hacerlo, pero no podemos permitirnos vivir así. Si la democracia es decidir sobre nuestras vidas, sobre el precio de la vivienda o la destrucción de nuestro territorio, queremos hacerlo. Solo así Canarias tendrá futuro.

*Concejal de Drago Verdes Canarias en La Laguna