El canario que estuvo veinte días en una balsa a la deriva en el Pacífico ya tiene noventa años y vive en Tenerife. Se llama Imeldo Barreto León y es vecino de El Homicián, un caserío situado en La Punta del Hidalgo. El naufragio del Berge Istra se produjo el día treinta de diciembre de 1974 cerca de las costas de Japón. Imeldo Barreto y su compañero ya fallecido, Epifanio Perdomo, fueron los únicos supervivientes del desgraciado naufragio. Imeldo acaba de cumplir noventa años, y lo celebró rodeado de su familia. Tanto a sus hijos como a su esposa, Mariola, los tuvo muy presentes durante los días del duro accidente, como solía decir Epifanio al referirse a ese día aciago en que emergieron milagrosamente de las aguas.
Después del hundimiento del buque, una balsa de salvamento de uno ochenta por uno ochenta, fue la tabla de salvación a la que se aferraron para mantenerse a flote a merced de la marea. Imeldo la conserva todavía como testigo tangible de aquella pesadilla, y viajó con ellos en el barco japonés que los rescató en medio de una mar de incertidumbres. En la pequeña balsa quedaron unas incisiones realizadas con una tijera con los nombres de sus parientes y algún topónimo; en ella se mantuvieron con vida durante veinte días, aunque Epifanio Perdomo siempre matizaba que fueron veinte días, y veinte noches lo que duró la travesía que les consumió la esperanza.
Imeldo recuerda aquellos momentos con buen talante, mientras Epifanio repetía sentencioso, una y otra vez, que prefería comer en tierra gofio y cebolla que en el mar papas con carne. Él jamás volvió a acercarse a la orilla de la playa; al contrario que Imeldo Barreto que, hasta hace muy poco, era el terror de los pulpos que se camuflan en los charcos de la Punta.
Además de un testimonio vivo que nos dice que, a pesar de los naufragios y los temporales, siempre surge una balsa inesperada que nos salva y nos señala un nuevo horizonte.
