La crisis del CD Tenerife: un espectáculo surrealista

Por José Luis Ramallo | La reciente junta general de accionistas del Club Deportivo Tenerife ha dejado al descubierto una serie de acontecimientos que rozan lo absurdo y ponen de manifiesto la profunda crisis que atraviesa la institución. El espectáculo ofrecido en esta reunión no sólo fue surrealista, sino que también reveló la falta de visión y coherencia por parte de algunos sectores involucrados en la gestión del club, empezando por los principales accionistas. Uno de los aspectos más desconcertantes de esta junta fue la solicitud por parte de las peñas de aficionados de instar acciones legales únicamente contra tres miembros del consejo de administración anterior: su presidente, Paulino Rivero, el exvicepresidente, Conrado González y contra el consejero Samuel Gómez. Esta decisión resulta, cuanto menos, miope y selectiva, ya que ignora deliberadamente a aquellos consejeros que realmente han tenido una responsabilidad directa en la desastrosa situación financiera que enfrenta el club en la actualidad. Una medida que apesta a venganza, por parte del primer y segundo accionista de la entidad. Una acción impropia de auténticos caballeros.

Es incomprensible que se pretenda señalar sólo a tres individuos cuando la realidad muestra que la mala gestión económica ha sido el resultado de decisiones tomadas por un grupo más amplio de directivos durante los últimos dos años, entre los que se encuentran Juan Guerrero y Santiago Pozas, auténticos responsables de la catástrofe que vive el club en la presente temporada. Una calamidad, que no sólo afectó a lo deportivo, sino que ha dejado las cuentas de la entidad al borde de la quiebra. La incomprensible actitud de Rayco García, siguiendo las directrices de su enemigo íntimo José Miguel Garrido, no sólo es injusta, sino que también desvía la atención de los verdaderos responsables de la debacle financiera del CD Tenerife. De todos es sabido que Paulino Rivero no ha pintado nada en la gestión del club. Sólo ha desempeñado una presidencia institucional. Un buen relaciones públicas, bien pagado, y con capacidad de generar respeto en torno a los asuntos delicados del club. Conrado González, además de su buena percha, poco ha aportado a la entidad y, por supuesto, no ha sido responsable en ninguna de las aristas de la gestión social. Su papel ha sido el de un jarrón chino apalancado en el salón, por tanto, resulta injusto pedirle responsabilidades sobre lo decidido por otros.

Y por último, Samuel Gómez, un prestigioso profesional que, por cierto, en la última etapa ni siquiera ha contado con remuneración alguna, ha sido uno de los principales colaboradores del nuevo y fugaz equipo de consejeros que aterrizó en diciembre en la entidad. Un reputado profesional, nada propenso a las atrocidades que demostraron en su gestión Pozas y Guerrero, cuadrados ante cualquier orden vociferante de su señorito José Miguel Garrido, casi siempre dictadas desde Londres.

Además, el acuerdo alcanzado entre el primer accionista, José Miguel Garrido, y el segundo, Rayco García, deja a este último en una posición extremadamente vulnerable. La precariedad de este pacto permite que Garrido pueda convocar una nueva junta general a su antojo, con la posibilidad de remover por completo el nuevo e interino consejo de administración, el más débil y escuálido en la historia de la entidad. Un consejo de transición, que bailará al ritmo que marque Garrido, porque ni siguiera el bueno de Rayco pinta nada, a pesar de sus tres asientos baldíos en el órgano de gestión. Esta situación genera una inestabilidad institucional que en nada beneficia al club en estos momentos críticos.

Como si esto fuera poco, la crisis se ve agravada por la pésima situación deportiva del equipo. El CD Tenerife se encuentra matemáticamente descabalgado de Segunda División, lo que añade una presión adicional a la ya complicada situación económica y administrativa.

Es evidente que el club necesita una reestructuración profunda y un cambio de rumbo urgente. La falta de visión a largo plazo, la toma de decisiones cortoplacistas y la ausencia de un proyecto deportivo sólido han llevado al CD Tenerife a esta encrucijada. Es momento de que todos los actores involucrados, desde la directiva hasta los aficionados, asuman sus responsabilidades y trabajen en conjunto para sacar al club de esta crisis.

La afición merece explicaciones claras y acciones concretas. No basta con buscar chivos expiatorios o establecer acuerdos frágiles que sólo postergan los problemas. Es necesario un análisis exhaustivo de la gestión realizada en los últimos años, identificando a todos los responsables de la situación actual y tomando medidas que garanticen la viabilidad futura del club.

El CD Tenerife, con su rica historia y su importancia para la comunidad canaria, merece mucho más que este espectáculo surrealista. Es hora de dejar atrás las disputas internas, la búsqueda de culpables selectivos y los acuerdos precarios. El futuro del club depende de la capacidad de sus dirigentes y aficionados para unirse, tomar decisiones difíciles pero necesarias, y trabajar incansablemente por devolver al equipo al lugar que le corresponde en el fútbol español.

Sólo con un esfuerzo conjunto, transparencia en la gestión y un proyecto deportivo sólido se podrá superar esta crisis y construir un futuro prometedor para el Club Deportivo Tenerife. La pelota está en el tejado de todos los involucrados. Es momento de demostrar que el amor por los colores blanquiazules va más allá de las palabras y se traduce en acciones concretas para salvar al club.

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