Partimos de un hecho singular que, a pesar del tiempo transcurrido, no ha quedado claro, la ciencia psiquiátrica no ha podido confirmar si es cierto lo que Freud adujo o si se equivocó: que los artistas son unos enfermos, son unos locos. El asunto lo estudió ese psiquiatra (que es uno de los mejores escritores de Europa) con atrevimiento, un psiquiatra que, por cierto, no se estudia hoy en las facultades de Psicología porque es viejo y carece de solidez. Tenía claro este (llamémoslo) médico que la creación artística comporta síntomas claros de enajenación; o lo que es lo mismo, en el sentido estricto del término, los artistas actúan por exponerse fuera de sí y eso es una enfermedad.
El psicoanálisis (sin que nos adentremos más de lo debido en el asunto) analiza las zonas más profundas del comportamiento humano. Lo que le interesa al psicoanálisis no es la consciencia, sino la inconsciencia. ¿Entonces? Al psicoanalista Sigmund Freud no le interesa el arte, al psicoanalista Sigmund Freud le interesan los artistas que hacen arte. Con ello, algo que resulta excepcional, luego de los análisis: el contenido psíquico de la obra de arte que apunta literalmente (según él) al contenido psíquico de los artistas, o lo que es lo mismo (y principal) al contenido psíquico de la obra de los artistas. Conforme a lo dicho partimos de una contradicción que (según el psicoanálisis de Freud) resulta extrema: la contradicción entre arte frente a realidad. El real asumiría la categoría de constatación; el arte es la expresión formalizada (es decir, ajustada a criterio y formalidad, o reglas expresivas, constructivas, funcionales…) del inconsciente humano a través de los materiales simbólicos. Si así lo vemos y es justo, el arte se enfrentaría a la Filosofía o la Ciencia (componentes del real o que ajustan al real). Digamos, incluso en lo que llamamos literatura realista o arte figurativo o hiperrealista (Antonio López), el arte no contempla, no hace imagen, no da constancia del mundo: el arte revela al mundo. Es decir, la obra de arte es materia del inconsciente, no del real. Luego, si eso es lo que confirma el arte, el arte es materia dilecta del psicoanálisis. ¿Qué encuentra ahí el psicoanalista? Por un lado, al yo, al sujeto-escritor en el mundo; por otro, al yo, al sujeto-escritor contra el mundo. ¿Cómo proceder? Por el estudio biográfico del artista y por el análisis de la obra de arte como artilugio simbólico fuertemente enraizado con el subconsciente del artista.
Si de ese modo se procede, resultado categórico: la homosexualidad y la pedofilia de Leonardo da Vinci forman parte de esa intriga, la creación expresa de Cervantes (locos sublimes, el hidalgo-Quijote) señala en sí mismo el desmadre del Estado frente a la cordura de la enajenación, los Raskolnikov, Verjovenski y el parricidio en Dostoievski también, la violencia de Cormac MacCarthy cubre ese abismo, etc., etc., etc. ¿Lo aceptamos? La ciencia es la ciencia, vaya usted a saber.
