El ser humano siempre ha necesitado de una dosis mínima de temor para garantizar su supervivencia. Tener miedo y sensación de peligro, nos libra de peligros y ponen en alerta. Al menos, así ha sido a lo lago de la evolución. Sin embargo, no es igual cuando el miedo se genera de manera intencionada, pues quien lo padece reacciona de forma compulsiva e involuntaria.
Vivimos, como especie, un periodo convulso y sin herramientas para actuar ante lo conocido y desconocido, pues cada vez somos más individualistas y carecemos del sentido de pertenencia a un grupo o comunidad, siendo incapaces de actuar de manera colectiva y rechazando las ventajas de lo que implica una protección colectiva.
Casi sin querer, me refiero a cómo está reaccionando la sociedad actual ante la amenaza más seria que ha sufrido en siglos. Los avances logrados en los dos últimos siglos, son dignos de elogio, por lo que respecta a lo tecnológico y al bienestar social. En esta generación actual no se padecen carencias ni conflictos como los sufridos a mediados del siglo pasado en nuestro país, tanto en derechos, libertades, como en cuestiones básicas como la comida o los recursos del día a día (sería bueno repasar ese periodo).
Somos un eslabón de la humanidad que presume de pertenecer a un mundo globalizado, diverso, formado, avanzado…Todos hemos procurado, una vez cubiertas las necesidades básicas, dotarnos de una serie de complementos para formar parte de este modelo, respondiendo a un mundo en el que hay que estar a la altura en cuanto a marcas, productos, modas, estilos, roles, etc.
Como miembros de esa comunidad global, se podría decir que se ha logrado y con éxito el propósito marcado, porque todos y cada unos hemos respondido; hemos cumplido con todos los preceptos que se nos han pedido, haciendo realidad el sueño que nos han fabricado a la medida y que se ha esculpido para todo un planeta. Pero, es curioso que, en apenas dos meses, esa realidad que ha gobernado y dirigido todo hasta ahora, que nos ha movilizado y esclavizado para lograr sus exigencias, se esté desmoronando y transmitido en directo, sin ser capaces de reaccionar.
Otras generaciones, con otros valores y con el control de otros tiempos, reaccionó y se revolvió tanto cuando se les quiso imponer un modelo o se les intentó arrebatar lo que habían construido. Siento decir y reconocer, que nuestra generación está demostrando, cada día que pasa, que probablemente, sea la más egoísta de la historia, pues a pesar de sus facilidades de acceso a la formación y a medios ilimitados, es absolutamente insolidaria.
En apenas 60 días, salvo escasas excepciones, todo un planeta con sus mandatarios y entidades representativas en todos los sentidos y ámbitos, se ha tragado sin pestañear la mayor exhibición de prepotencia que este mundo ha soportado en siglos, asistiendo con una pasividad insoportable a la demostración de colonialismo más burda y peligrosa que se ha tenido que presenciar de manera colectiva.
Es increíble cómo estamos ingiriendo, permanentemente, y a través de nuestros actuales instrumentos de comunicación (móvil, tablet o TV que nos han vendido) todos y cada uno de los giros que nos imponen, amenazando el sueño que nos prometieron, pero también exponiendo una arrogancia propia del western más descarnado y salvaje, con la que le dicen a la cara del mundo que se apropiarán de países sin dar valor a sus habitantes, historia y soberanía o que arrasarán otros lugares, como Gaza, para desplazar con impunidad y con una deshumanización imperdonable a su población para crear un complejo turístico con la complicidad de occidente.
¡Qué pesadilla es ésta!
¿Tanto valen nuestros vaqueros, tenis, comida rápida, sudaderas, teléfono móvil, coche?..
Es increíble nuestro silencio. Es repugnante nuestra reacción ante los primeros pasos que ha dado el principal instigador del sueño americano que nos mueve y paraliza a la vez. También es repugnante la reacción de Europa, nuestro viejo continente, cuya respuesta es, causarnos más miedo aún. Es necesario ese miedo para que paguemos sin rechistar los costes de lo que ahora está pasando o no.
Al que tanto miedo causa, que le tenga miedo de la humanidad, y que recuerde lo que le pasó a Hitler, Mussolini, Gadafi, Sadam Husein, y otros dictadores que oprimieron al pueblo y a los que el pueblo, ya sin nada, les aplicó lo único que le quedaba: justicia y dignidad (¿las hemos perdido ya?).
