Por Carlos Acosta García.| Son muchos y muy variados los comentarios que, en torno al Garachico de ayer, nos hemos visto obligados a leer en publicaciones que contaban con una aceptación casi generalizada. Entre los escritores de distintas épocas quiero recordar hoy, aunque sea en tono negativo, a la británica doña Olivia Stone. Vean ustedes: la famosa escritora visitó Garachico en septiembre del año 1883. Ya entonces era famosísima. Pero yo, pobre cronista de pueblo, me atrevo a poner en duda detalles que ella nos ha dado a conocer. Tomaré un tanto superficialmente algo que escribió sobre la localidad del Roque. “De ser una boyante ciudad pequeña se ha convertido en una también pequeña caleta y en un pueblo soñoliento”. Digo que lo acepto porque me parece una fiel copia de situaciones ocurridas. Pero no puedo aceptar que, además, escribiera esta monstruosidad: “Casi todos los habitantes murieron enterrados vivos por la lava, asfixiados por los gases venenosos o muertos por las lluvias de piedras que produjo el cráter”. Estas palabras mías de hoy solo pretender traer a la realidad actual unas anécdotas de un pasado más o menos reciente. Pero deseo afirmar que los renglones citados últimamente nos son ofrecidos por la señora Stone como certísimos, cuando la realidad la deja en el más espantoso de los ridículos como historiadora.
Como la señora Stone nos deja escrito que pasó en Garachico un calor terrorífico, estas afirmaciones me hacen pensar que la señora Stone fue agresivamente dañada por este sol del que los canarios nos sentimos tan orgullosos. Creo que me quedo bien corto en los desfavorables comentarios que dirijo a la memoria de una historiadora que, por lo visto, solía adornar con sus comentarios negativos los lugares que visitaba.

