tribuna

El Hierro: cuando el mar grita y el Estado calla

Por María García.| Una vez más, el mar nos devuelve cuerpos y nos arrebata esperanzas. La tragedia vivida en el puerto de La Restinga no es un hecho aislado: es el reflejo brutal del abandono institucional que sufrimos en las Islas Canarias ante la crisis migratoria.

No es justo que la gestión humanitaria recaiga siempre en los mismos: vecinos solidarios, cuerpos de emergencia desbordados y una ciudadanía cansada de promesas huecas. Durante años, hemos sido los primeros en responder, los que sostenemos la acogida desde la cercanía, desde la urgencia y desde el corazón. Pero no podemos seguir haciéndolo solos.

Desde nuestra institución autonómica se han hecho esfuerzos incansables por atender esta realidad. Sin embargo, esos esfuerzos tienen un límite. Canarias no puede seguir siendo el muro de contención de Europa mientras el Estado mira hacia otro lado. Esta situación no puede ser tratada como un asunto regional: es una cuestión de derechos humanos que interpela al conjunto del país. Necesitamos una respuesta compartida, estructural y sostenida en el tiempo.

Cada muerte en el mar es una señal de alarma. Una acusación silenciosa a quienes pudieron hacer más y no lo hicieron. No se trata solo de gestionar llegadas, sino de actuar con humanidad. Necesitamos rutas seguras, centros de acogida dignos, recursos justos y políticas reales. No solo para quienes llegan, también para quienes ya estamos aquí y sentimos que también nos han dejado a la deriva.

Porque esta crisis también golpea a quienes convivimos con ella cada día. Sabemos lo que significa ver llegar una patera y no saber si todos han sobrevivido. Sabemos lo que es recibir a menores solos, acompañar en el duelo, sostener desde la cercanía lo que otros gestionan a distancia. No podemos seguir enfrentando esto sin los medios, el apoyo ni la responsabilidad compartida que exige una situación así.

Escribo desde el compromiso de quien no quiere callar. Desde la voluntad de sumar, de denunciar y de construir. Desde la certeza de que la solidaridad no puede ser patrimonio de unos pocos, sino un deber colectivo.

No podemos permitir que esta tragedia se repita. Ni una vez más. Ni una vida más. Ni un silencio más.