tribuna

La araña y el sofisma

Hay una araña, pequeña, blanca y transparente que lanza su hilo de seda, casi imperceptible, de un extremo al otro del manillar de mi bicicleta estática. Nunca la he visto cazar. Quizá se deba a que las piezas que depreda pertenecen a ese mundo ínfimo que soy incapaz de percibir. Hoy estaba suspendida de la tela, a la espera de algo y la he recogido con el dedo y la he colocado en el tubular forrado de goma oscura para observarla mejor. Nada especial. Al momento se ha dedicado a mover sus patitas para regresar al lugar donde estaba. Es pertinaz en su tarea. Por eso resiste y, sin que yo me dé cuenta, me tiene la casa libre de ácaros y otras impurezas que no detecto. Hay un mundo diminuto y repetitivo bajo nosotros que forma parte de la vida y al que todavía no hemos convertido en mascota ni le hemos otorgado la categoría de lo diverso. Son colaboradores necesarios y anónimos que no inspiran sentimientos especiales para ser dignos de protección. La vida de los humanos es más complicada que la de este arácnido. Hay cosas que un día salen a la luz y no nos damos cuenta de que siempre han estado ahí. Las consideramos normales porque no queremos detenernos en reconocer que es absurdo que sean reales. Son las que convierten a la mentira en verdad por medio de esa transformación que ahora se llama relato. Todo es según conviene aunque no se justifique en algo tan elemental como la alimentación y la supervivencia, como ocurre en el caso de la araña.Las arañas son muy inteligentes y deberíamos aprender de ellas. Casi todas sus técnicas están basadas en procesos matemáticos muy elaborados, y se puede decir que, al contrario que sucede con nuestras decisiones, las suyas están encaminadas al logro de un objetivo por el camino de la exactitud y la economía. La humanidad inventó métodos deformados y truculentos y no ha logrado salir del laberinto donde la introdujo ese empecinamiento con el proceso de prueba y error tan aburrido y cansino. Hubo un tiempo en que nos dedicábamos a la práctica del sofisma para jugar al escondite con la lógica, y lo seguimos haciendo. A la gente le gusta y lo acepta si proviene del oráculo que le fabrica y orienta su pensamiento cada mañana. Gabrielle D’Annunzio decía: “El sofisma está en el fondo de todo placer y de todo dolor humano. Agudizar y multiplicar los sofismas equivale, pues, a agudizar y multiplicar nuestro placer y nuestro dolor. Quizá la fuerza de la vida radica en oscurecer la verdad”. Esto está en “Il Piaccere”, una novela que me gusta de este escritor fascista. Espero que no me pase nada por decirlo. Luchino Visconti fue denostado por sus compañeros del Partido Comunista Italiano después de basar su última película en una obra de este autor: “El inocente”. Ahora vivimos en una época de relatos sustitutorios, de una permanente liturgia basada en el engaño. Nos estamos acostumbrando a eso. Mientras tanto, yo observo a la araña de mi bicicleta, que debe ser pariente de las abejas, porque ambas, en la fabricación de las celdillas de sus panales y en la trama de sus telas, distribuyen el espacio en hexágonos, la figura geométrica con mayor capacidad en función del número de lados. Un simple problema de máximos y mínimos que se resuelve aplicando la primera derivada. La segunda se utiliza para el cálculo de la inflexión, un término que está muy de moda entre los que no adivinan lo que significa realmente. Esta araña de casi dos milímetros tiene más cabeza que un ministro.