tribuna

Todo queda en familia

Por Omar Batista. | Todo está predispuesto para una conversación amplia entre las distintas formaciones análogas a Nueva Canarias, como Drago o Sí se puede. La heterogeneidad ideológica de todas estas formaciones se va diluyendo con el tiempo, al ritmo de las consignas que plantea el espacio político desde la calle. Se está ampliando el marco que profesan; ecologista, con conciencia de los límites de lo insular; canarista. Este es un tiempo fundamental en el que han de tener mucho cuidado con las palabras, las que activan y las que desactivan. La cosa se está poniendo tan agobiante en las Islas, que ya no tienen que hacerse discursos para imaginar mundos, sino simplemente apelar a proteger la Canarias de hoy y su sustantividad. Es en muchos ángulos, un discurso conservador, por la retórica de mantener lo que somos hoy. Keep Canary Islands Free podrían llegar a decir algo así como déjenos la libertad que aún logramos percibir, que le diría al cacique. Demasiado impacto cotidiano del mundo en nuestra vida en estas islas. Todavía escapamos. Estas organizaciones proponen medidas para que la sociedad se reconcilie un poco con la política, buscando la institucionalización de viejas ideas cada día más de actualidad.

Las distinciones entre estas organizaciones de las que hablo son cada vez más difíciles de ver, liderando Drago, desde su representación institucional en Tenerife, estéticas, éticas y hojas de ruta desde un marcado nacionalismo canario de izquierdas. Son una renovación de ideas. La formación es, por así decirlo, una adelantada a su época. Drago tira del carro en este espacio político, tanto por la alta calidad del discurso, la coherencia discursiva, como por el capital humano. Está organizando en sus filas a nuevos perfiles, nuevas personas de la vida pública, que se sienten cómodas con la idea de ocupar espacios en la necesaria política institucional. Tensiones en materia de vivienda, de transporte, de gestión del paisaje y territorio, así como de cuestionamientos sobre cómo debe repartirse la carga fiscal en el conjunto de la sociedad nacional y extranjera, unen los propósitos de una vía política que trata de alejarse del marco hegemónico de Coalición Canaria, inspirando un nuevo interés general canario, la otra agenda canaria.

El de CC es un modelo regionalista que ha puesto toda su energía en solicitar, de la manera más cauta, un mayor aporte desde las instituciones españolas a la solución de “los asuntos de Canarias”, patrocinando equilibrar intereses amplios e interclasistas con el objetivo de pacificar el sistema político y generar consensos que permitan ejercer el poder aquí, tal como vienen haciendo. Drago, en ese sentido, y por eso Nueva Canarias y Sí se puede les persiguen, es exactamente lo contrario. Tiene un interés que divide discursivamente entre los motivos comunes y los motivos particulares de la política y, además, centra su discurso no entre España y Canarias, sino entre el pueblo canario y los condicionantes de sus élites. Así, Drago practica el disenso, logrando incluir nuevos issues y liderar clivajes en la política canaria desde una perspectiva autocentrada, es decir, no rivalizando con el afuera, sino con quienes representan el poder dentro de Canarias. Necesitan constituir una narrativa en la que el “enemigo” sea interno; si el enemigo es externo, creo que cualquier motivo tiene las de perder, por razones que no cabe escribir aquí.

Las medidas limitantes de las que se tendría que valer este nuevo poder, que por el momento es hegemónico culturalmente, de constituirse institucionalmente, pasarían por activar mecanismos para la búsqueda de un mayor control público de las economías del Archipiélago, orientando el poder público a medidas que den más espacio, más tiempo y más salario para la sociedad canaria. Es evidente que, en territorios insulares turísticos, los modelos de redistribución que procuran las instituciones no pueden ser los mismos que en territorios donde hay una diversidad económica amplia. Les toca pensar, desde ciertos dogmas, desde ciertas bases, como las que vemos, por ejemplo, en lo último escrito por María Tomé: la reciente publicación Sin Palmeras no hay paraíso, del Estudio Santanasantana, con su texto “La concentración del poder y el reparto desigual del suelo”. Y es que una gran cantidad de problemas de Canarias vienen derivados por el escaso poder que tiene la población isleña en general sobre lo que ocurre con la tierra, el agua dulce y con el agua salada.

Ésta, aunque pueda parecer una propuesta nacionalista, si bien muchas veces el discurso tiene esa nomenclatura, en esencia, no trata de articular contra, digamos, otra nación. Siempre ha habido problemas con esto, porque “el nacionalismo” es una ideología esencialista, categórica y excluyente, mientras que “la izquierda” basa su fortaleza y capacidad de agenda en unir a los que consiguen tener empatía entre sí. La generosidad de todas las partes de este cuerpo y otros interesados será clave en un entendimiento sosegado de un nuevo sentido común canario que nos ayude a mitigar todo eso de lo que siempre hablamos y ustedes y yo sabemos, porque vivir como queremos vivir en el Archipiélago tiene un valor que es contingente para nuestro bienestar colectivo como pueblo, así como nuestra propia existencia cultural.

Hoy, en el Centro de la Cultura Popular, sito en La Laguna, a las 19.00 horas, hay una charla sobre esto. ¡La entrada es libre!

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