tribuna

Camino de Santiago: ¡siga la flecha amarilla, peregrino! (II)

Por Antonio Salgado Pérez* | La concesión del premio Príncipe de Asturias de la Concordia al Camino de Santiago coincidió con la celebración del Año Jacobeo 2004, en una tradición que nace en el siglo IX, cuando se consideró que se había producido el hallazgo de los restos del apóstol Santiago El Mayor, en el bosque de Libredón, en el lugar en el que hoy se asienta la catedral que se supone los alberga. Desde entonces, se vienen produciendo las peregrinaciones de millones de personas, un fenómeno generador de una extraordinaria vitalidad espiritual, social, cultural y económica, que muchos han considerado como uno de los principales ejes vertebradores de la conciencia común europea, con una pujanza que hoy se mantiene, como lo demuestra el hecho de que se ha calculado que durante el último Año Jacobeo, celebrado en 2022, Santiago recibió cerca de seis millones de visitantes. De este modo, Compostela se convierte, junto con Roma y Jerusalén, en uno de los tres principales centros de peregrinación de los pueblos cristianos. Uno de los muchos tópicos que alimenta la milenaria ruta de las estrellas que lleva a Santiago dice que hay tantos caminos posibles como peregrinos en marcha. En efecto, en tierras leonesas, por ejemplo, comprobamos que, en este Camino, y es una opinión muy particular, sus trochas, sus senderos, sus vericuetos son tan variados como los peregrinos que transitan por ellos, más silentes que dicharacheros y más pendientes del enriquecedor entorno que de sus propios pasos, como hemos podido comprobar en lo que se considera “una joya de etapa”, el Puente del Paso Honroso, Hospital de Órbigo, hoy plagado de albergues, hoteles y buenos restaurantes. El camino nos lleva, al final del citado pueblo, a cruzar por el puente romano del Paso, con diecinueve arcos, cuatro de ellos del siglo XII, que hacen que sea el de mayor importancia de todo el Camino –desde el Porto de Somport o Roncesvalles hasta Pedrouzo-Santiago de Compostela–. La popularidad del puente del Paso Honroso se debe a un hecho acaecido en el año 1434 y protagonizado por don Suero de Quiñones. Éste, para conquistar el amor de una dama, ofreció al apóstol proteger el puente ayudado por nueve guerreros y rompiendo las lanzas de todos aquellos caballeros que osasen cruzarlo. En total, él y sus afines partieron trescientas… Juntos y victoriosos marcharon en peregrinación a Compostela para depositar una cinta azul que el caballero había llevado en el brazo durante todas las contiendas. Ahora, por el citado puente pasan los peregrinos, o bien caminando o en bicicleta, con sus abultadas o pequeñas mochilas, soportando estoicamente el empedrado. Ahora, por estos parajes, comprobamos el pregonado comportamiento del peregrino: humilde, sensible, sacrificado, de afable trato, siempre agradecido, jamás exigente, en todo lo que gratuitamente se le ofrece. Desde los primeros pasos se aprecia la exhaustiva señalización –concha, flecha amarilla, etcétera– que acompaña al peregrino durante toda la aventura. Resulta imposible perderse a lo largo de los más de setecientos kilómetros que van desde Roncesvalles hasta Compostela. Y si alguien se despistase en el trayecto y preguntara al lugareño, éste le respondería apuntando a un mojón, un poste o una simple pared: “Siga la dirección que le señala aquella flecha amarilla”.

*Miembro de la Tertulia Amigos del 25 de Julio

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