después del paréntesis

El límite

La amnistía no razonó el logro de los rebeldes ni atinó a conducir por buen camino los fundamentos de los leales. Pues el criterio no se avenía tanto a sustituir al magno rey por sus perversiones y alzar hasta el trono a su sucesor por afable, justo y cualificado; no eso, sino que la guerra buscaba resolver la posición de los rebeldes en las fronteras del imperio. La cuestión era disponer ante el emperador las razones del estar, en qué suelo dispondrían los insurrectos los recursos para producir, prosperar y asentar la vida en lo conciso y duradero. Pues todo territorio constituido en nación asume las condiciones del Estado. Y en Estado, el punto del sosiego y del logro. Así que el rey hizo conducir hasta su presencia al divino Alexei Prokofiev. Y el probo lo resaltó: “Por vos este reino crece y mucho, desde el Finis Terrae a la cuna de los antiguos persas y más allá. No nos oponemos a luchar por vos. Pedimos que acreditéis para nosotros el término que habremos de ocupar”. El rey le dijo al digno Alexei Prokofiev que no distinguía del todo los fundamentos de la revuelta, pues toda rebelión atiende siempre a los términos de la justicia. “Si soy severo -adujo-la historia solo tolera el alto gesto de que vuestra espada atraviese mi corazón. Semejante constancia dará razón a mi existencia, pues me lo he ganado, y con creces. Y de ese modo me recordarán las crónicas, pues eso soy, mi adusto súbdito y mejor guerrero”. “Eso proclama la memoria -constató Alexei Prokofiev-, memoria que alguna vez resultó escrita. Pero no es el caso, mi señor, no es el caso. El asunto no es que robéis, que atesoréis, que no seáis respetuoso o que incluso no resolváis vuestro destino por los crímenes que se os imputan, el asunto es que habréis de regalarnos el confín que nos hemos ganado con la espada. El asunto es el límite. Y en el límite el misterio, eso que cada hombre quiere conocer, tocar, gozar y revelar. Eso fue lo que Alexei Prokofiev le señaló. Y desde ese instante el gran soberano de Magurcia, el augusto Anatoli Klement, actuó en respeto del modo en que hubo de actuar. El rey ingente resultó inteligente, consecuente, fidedigno, cabal, afable, benigno, justo, el emperador ecuánime y prudente. De ese modo se manifestó el cabal Alexei Prokofiev y de ese modo lo preguntó el rey: “¿Qué límite?” El adusto y riguroso batallador Alexei Prokofiev se movió en compañía de los suyos; hasta esa señal del astro condujo a su gente. Paró en el punto de lo desconocido que precisaba acariciar y exhibir. Allí el marcial vivió al cuidado de su pueblo y de los fieros enemigos que siempre lo vigilaban desde el exterior que habría de conquistar.

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