Ahora que el mundo se apunta a la guerra, es decir, que al grande mandatario de EE.UU. no le parece oportuno obligar a Irán a dialogar sobre sus planes atómicos y se suma a los ataques de Israel sobre ese país (y lo que puede significar para la distribución mundial del petróleo) me viene a la memoria una proverbial novela del no menos proverbial escritor italiano Gesualdo Bufalino. El traductor español (Joaquín Jordá) tradujo el título como Perorata del apestado. Que no resulta del todo así pero que es inteligente. Lo explica el autor, respecto del original, Diceria dell’untore: Diceria es dictado, monólogo, relato, más aún, palabrería, rumor, y equivale porque la novela está contada en primera persona, más aún, se constata que es una novela autobiográfica; y untore es urdidor, cuentista, alegador… Sería el “Monólogo, relato, historia del urdidor, del cuentista, del hablador”. Se confirma, repito, que esta es una novela con claros referentes biográficos. En efecto, Bufalino fue siciliano, de Comiso. Luego de estudiar donde hubo de hacerlo, joven, en el año 1942, fue obligado a participar en la Guerra mundial. Así que los alemanes lo apresaron al siguiente año. Mas logró escapar. Pero otra suprema contrariedad lo alcanzó y lo señaló por tiempo: la tuberculosis. Hubo de ingresar en un hospital de campaña, en La Rocca, en la Conca d’Oro” en 1944 y allí permaneció hasta que (¿milagrosamente?) superó la enfermedad y volvió a la vida militar y luego a la civil. ¿Qué concentra Bufalino ahí? Lo que por la experiencia comenzó a escribir en los años 50, su infausta experiencia de la enfermedad y qué significó la enfermedad en guerra y con qué se encontró por la enfermedad en guerra. Eso. Novela que sucedió con interrupciones, el autor sin mostrarse como autor (nunca le interesó), dado a su vida particular y al oficio que lo mantenía: profesor de instituto hasta la jubilación. En los años 70 la retomó, el director de Sallerio Editore supo que existía, se la pidió insistentemente y en el año 1981 Bufalino cedió. Fue un éxito sorprendente (pese a lo que formal y temáticamente la novela es) y ganó el singular Premio Campello que concede 300 lectores distinguidos. ¿Pero que sustancia esa historia? La pregunta dilecta que se hace un hombre enfrentado a la guerra y atrincherado en su suceso, una enfermedad que extermina. ¿Qué es la muerte en uno y en el otro caso? En ese punto, lo que rodea al personaje: el frente, el hospital, el médico que los atiende, el cura que los acompaña de conciencia manifiesta y sustancial, los otros enfermos (algunos quedan por el camino) o la enseña del amor, Marta, con los pulmones destrozados como los suyos. La pregunta (insisto) es manifiesta: ¿por qué sobreviví yo a la guerra y a la enfermedad? Porque de ese modo se programa la vida, la vida que es siempre extrema: el final no se elige, el final te elige.
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