despuÉs del parÉntesis

Felipe González

Las manifestaciones de Felipe González en los últimos tiempos dejan a sus admiradores sin aliento. Porque fue uno de los grandes transformadores de su partido en los últimos tiempos. Por esa labor resultó presidente del gobierno de España con mayoría absoluta. Y lo que con ello consiguió: cambios manifiestos en la acción democrática, la economía, las relaciones internacionales, los ajustes sociales, etc.

Ahora proclama que no votará al PSOE. Y lo sorprendente es que no alega fallos en los fundamentos de la organización, lo que falla es el cabeza visible del partido y del gobierno. Lo cual da a ver un asunto nefasto: el movimiento preciso del que fue jefe (seguido, admirado, considerado) contra algunos socialistas precisos. ¿Por qué Rodríguez Zapatero y Sánchez? El primero ha sido el presidente de este país más comprometido, más digno, más responsable con lo que prometió en campaña y más considerado con lo que ideológicamente lo señalaba. Un signo de compromiso social, del ajuste de las situaciones interpersonales (el colectivo LGTBI), de la libertad y de la facultad de gobierno. Con un problema para el susodicho: no era fácil someter sus fundamentos; lealtad al partido y a sí mismo. Y Sánchez es un valiente que se atrevió a retar al sistema, mover a la militancia y ganar frente a las grandes voces que condicionaban.

Ese gesto es imperdonable para el señalado. Sánchez dirige el partido y es presidente del gobierno porque ha sabido convencer y porque ha sabido ganar sin las rémoras de quienes señalan. Y entonces el discurso de González se da la vuelta sobre sí mismo como una culebra.

Las últimas manifestaciones son llamativas. Concluye que la Ley de Amnistía es un acto de corrupción política. Lo cual no solo sobrepasa los valores de la izquierda sino que pone en el sumidero la labor de quien gobernó en este país e hizo que el parlamento aprobara leyes. Porque eso ha ocurrido. Con un fin: la reconciliación política entre agentes antaño enfrentados.

La labor de Sánchez: después de algún tiempo, el independentismo no es mayoritario en Cataluña y el procés ha muerto. Esta evidencia no basta; es más contundente: “Esta autoamnistía es una vergüenza para cualquier demócrata”. Y alarma esa desconsideración. Por dos razones. Una, es una ley considerada por el Tribunal Constitucional. Y eso vuelve sobre el principio: quien en su momento defendió el respeto debido a las instituciones del Estado ahora se vuelve de espaldas.

Y la segunda: la derechización ideológica de ese individuo (no “amnistía”, “auto-amnistía”). Puede hacer dúo con Aznar o considerar la labor de la ultraderecha. Lo cual sentencia su tumba, cual le ocurrió al probo Anguita. Si ese mensaje lo es para los suyos se olvidó de una cosa: la izquierda no soporta los concilios con la derecha, jamás. Así que lo que fatalmente resulta el tal Felipe González es un infausto, indigno y patético personaje. Recibirá el premio de gratitud de Feijóo y el desprecio de los que fueron suyos.