Amanece en Vallehermoso y nos llega una foto que no puede ser más alegórica de los tiempos que corren. El pasado domingo apareció en el suelo, arrancada y tirada, la estatua recién instalada en homenaje al poeta Pedro García Cabrera. Como sé que nos lee gente también de fuera del Archipiélago hago una pequeña pírdula explicativa. Vallehermoso es un municipio de La Gomera, donde nació este poeta canario y universal de la generación del 27, y cuna también de la otrora poderosa Federación Obrera, que fue vanguardia en Canarias de organización de la gente trabajadora en defensa de sus derechos frente a los caciques y sus látigos.
Pedro García Cabrera escribió e impulsó diferentes publicaciones de la época, junto a figuras de la talla de María Rosa Alonso o Guillermo Ascanio, reivindicando jornadas laborales de ocho horas para La Gomera y El Hierro o clamando por carreteras que sacaran a la isla de un subdesarrollo estructural que facilitaba enormemente el caciquismo.
Tal era la fuerza de la Federación Obrera y el miedo que le tenían los caciques que las obras de la carretera que debía comunicar las poblaciones de la isla en pleno siglo XX se paralizaron en Hermigua por la negativa de los caciques de la zona a contratar obreros sindicados. Querían combatir a la gente organizada con hambre. Obviamente no se dejaron y convocaron una huelga general que desencadenó “Los Sucesos de Hermigua”, que costarían la vida a varios obreros y guardias civiles y desatarían una feroz represión posteriormente. Podríamos llenar el periódico solo hablando de aquellas luchas, de la heroica resistencia del “Fogueo de Vallehermoso” y de otras tantas que son historia viva de nuestro pueblo y de nuestra tierra.
Cuánto le debemos a gente como ellos y ellas y que poco lo ponemos en valor. Sin embargo, el domingo nos despertamos con la estatua del poeta en el suelo, rota y reflejando un intento de quitarle valor. Como si nada de esto hubiera pasado, como si la brutalidad, el belillismo y el odio le estuvieran ganando la partida a la cultura, a la valentía y a la libertad.
Decía que es la alegoría perfecta de estos tiempos porque, guardando las distancias, los paralelismos son indudables con las cacerías de trabajadores por el color de su piel en Torre Pacheco -Murcia-, o con las terribles imágenes de soldados israelíes y mercenarios estadounidenses disparando contra las personas indefensas en Gaza, muchas de ellas niñas y niños que hacen cola para poder comer algo, aunque sean migajas.
Cada acto en su contexto pero todos con la misma base: obedecer servilmente al poder jodiendo a quien tienes al lado. Se empieza vandalizando la estatua de un poeta y se acaba saliendo a la calle con un bate de béisbol para pegarle una cuerada a tus vecinos porque tienen la piel más oscura que tú. Y eso, aparte de convertirte en una persona repugnante, tiene dos problemas. Y no hablo de problemas para los demás, que obviamente se generan de convivir con gente que de tanto tragar propaganda se la acabaron creyendo. No, no, me refiero a problemas para ellos mismos.
El primero, que quienes causan todos tus problemas son más blancos que tú, tienen muchísimo más dinero que tú, le rezan a tu mismo dios y no viven cerca de ti, viven en urbanizaciones que jamás vas a pisar, a no ser que sea para podarle las palmeras del jardín o para limpiarles la taza del váter. El segundo, que el próximo eres tú.
Si es que siempre fue muy fácil ser un cobarde lame botas del poder. Era -y es- fácil estar del lado de los caciques en La Gomera, delatar a quien proteste por cobrar una miseria y evitar así palizas, cárcel o enriscarse “accidentalmente” por el barranco más cercano.
Como fácil es perseguir en grupo a personas desarmadas -niñas y niños incluidos- en lugar de organizarte frente al empresario agrícola que te explota -a ti y al que le vas a pegar también-.
Y si esos ejemplos nos resultan lejanos, todas y todos sabemos lo fácil que es ser un pelota adulón y chivarte al jefe rapidito de cualquier intento de montar un sindicato en la empresa. Te vas de la lengua, echan a la calle a “los revoltosos”, te pasan la mano por el lomo y sigues currando calladito a cambio de cuatro perras. Nadie puede negar que es fácil, indudablemente lo fue y lo es. Otra cosa bien distinta es que sea digno, y lo más cuestionable aún es que sea útil.
A más cacerías nazis, más poetas por los suelos y menos compañeras de curro sindicadas, peor vas a vivir. Porque la propaganda es una cosa y la realidad es otra. Porque lo que dice el influencer, el tertuliano o el político de extrema derecha de turno sirve para llenar la nevera y pagar el alquiler, está claro. Pero para llenar SU nevera y pagar SU casa, la tuya no. Y cuanto antes descubramos lo poco que les importamos, mejor que mejor.
En Canarias, las camareras de piso y los trabajadores del sector turístico, con diferentes colores de piel y con pasiones e identidades diversas se unieron, se sindicaron, protestaron y ahora van a tener una merecida subida salarial entre el 9 % y el 13,5 %. ¿Cuánto crees que vas a cobrar de más por difundir propaganda racista por el WhatsApp o por burlarte de la gente que no se siente o ama como tú?. Exacto, acertaste, absolutamente nada.
La cosa no está para juegos, echémosle cabeza y tengamos como ejemplo a quienes demuestran con valentía, coraje e inteligencia que organizarte con tu vecina o con tu compañero de curro es mucho más útil -y más humano- que ir a pegarle con una barra de hierro o con un puño americano.
Canarias siempre fue más de lo primero que de lo segundo. Que no nos engañen, saquemos pecho de nuestro pasado y construyamos el presente y el futuro que nos merecemos.
Porque la mar está llena de naranjas. Solo tenemos que arremangarnos y meter la mano en el agua.
*Concejal de Drago Verdes Canarias en La Laguna
