tribuna

España, por dentro y por fuera

España pierde peso en Europa y también en América. Esto es lo que dicen en El País a pesar del inglés fluido del presidente. La cuestión se deriva de satisfacer las exigencias de la política interna que suponen el sacrificio de nuestras relaciones exteriores. Lo de la OTAN solo fue un postureo innecesario para quedar bien con los compis del Gobierno. En los compromisos no se fijaban plazos, y, en el caso de que hubiera alguno, su cumplimiento se encontraba más allá del límite del mandato Trump. Esto lo sabían todos los países que firmaron a regañadientes el acuerdo, pero nosotros fuimos más allá, desentendiéndonos del bloque europeo al que tanto anhelábamos pertenecer, como marchamo democrático, en los primeros años de Felipe González.

Continúa El País comentando el ridículo que supone gastar esfuerzos diplomáticos en la UE para incluir el catalán, el vasco y el gallego; y además, el panorama negativo con respecto a la opinión de la comisión sobre el tema de la Amnistía y las dificultades presentadas desde Moncloa a la fusión del Sabadell con el BBVA. Como es evidente, todas estas cuestiones están relacionadas con los compromisos internos que son de sobra conocidos fuera de nuestras fronteras. A pesar de ello, los exegetas de las bondades del actual pacto descalifican a quienes denuncian esta situación, acusándoles de no tener un concepto apropiado de la democracia. Debe ser que el correcto es el otro: sacrificar cualquier circunstancia en aras de mantener un poder precario a todas luces.
Hay un número elevado de españoles, que no están comprometidos con militancias ideológicas, a los que les duele ver el papel que juega su país en el escenario internacional. Estos también forman parte del sistema democrático. Me atrevería a decir que es la parte más importante; pero aquí todo se ha convertido en un juego de patio de colegio, sin importarle a nadie lo que piensen las mayorías que se quedan como espectadoras viendo cómo se dan patadas dentro del recinto exiguo de la escena política. Lo que estamos viviendo no es bueno ni dentro ni fuera.
El problema estriba en que no lo ven, ni los hunos ni los hotros, como decía Unamuno. Llevamos demasiado tiempo viviendo en este callejón sin salida y el deterioro va a más. Se ha impuesto el sistema de los relatos y las narrativas, y los estrategas que los fabrican parecen no ser conscientes de que las grandes mayorías de votantes viven ajenas a estas refriegas, que lo que hacen es aburrir, y esto no hace más que provocar desafección, por lo que debería importarnos a todos.

Conozco a gente sensata que muestra otro talante, pero son denostadas por los argumentarios. En otros lugares les ríen la gracia a aquellos que muestran una mayor radicalidad, a los que usan el esperpento como lenguaje y proponen originalidades que solo satisfacen a los miembros de sus comités. Todos están muy alejados de la realidad, y lo peor es que no hay visos de que vayan a rectificar.