“David Aeschimann es un paradigma de esos naturalistas del mundo que al llegar a Canarias se quedan asombrados por su biodiversidad. Y ahora ha querido compartir su admiración por la riqueza natural que halla en una isla de pequeñas dimensiones como El Hierro, a la que a menudo los canarios no damos la importancia que se merece por tenerla, precisamente, al alcance de la mano”.
Así describe José Manuel Moreno, biólogo, fotógrafo y editor, al frente de Turquesa Ediciones, la labor del autor de Flora y vegetación de la isla de El Hierro, un volumen, una guía, que ha sido editado en dos versiones, en español y en inglés.

En poco más de 250 páginas, el botánico suizo invita a los lectores a acompañarle en un recorrido por la Isla del Meridiano, dando cuenta de ese patrimonio vegetal y deteniéndose en las especies endémicas de Canarias y también en las exclusivas del territorio herreño, “como, por ejemplo -apunta Moreno en la charla con este periódico-, el canutillo de Sabinosa (Silene sabinosae), una de las más raras del Archipiélago”.
El Hierro, con 268,7 km cuadrados de superficie, posee una variada vegetación merced a su orografía, que llega a alcanzar los 1.500 metros de altitud, y las variadas condiciones climáticas que se dan en sus vertientes.
GINEBRA
David Aeschimann (1956), especialista en la flora de Suiza y de Europa Central, con singular inclinación hacia la cadena montañosa de los Alpes, se ha interesado por la flora canaria desde 1997 y por la de El Hierro, de forma más específica, a partir de 2009. Antes de su jubilación fue curador del Conservatoire et Jardin Botaniques de Ginebra, cercano al célebre lago Lemán, y profesor asociado de Florística en el Departamento de Botánica y Biología Vegetal de la Universidad de Ginebra.
“Para abordar esta obra -pone de relieve José Manuel Moreno-, ha realizado una veintena de viajes a El Hierro durante todos estos años. Como científico que es, poco a poco fue conociendo la isla al detalle. Al comprobar que no existía una publicación de estas características, decidió escribir el libro”. “Es una guía igual de útil para la población herreña y canaria, especialmente para los estudiantes, y para quienes visitan el Archipiélago -subraya el editor-, al tiempo que busca despertar el interés por este ámbito de la naturaleza”.

CONOCER Y RECONOCER
“Flora y vegetación de la isla de El Hierro tiene como misión, en definitiva, que quienes la recorran puedan reconocer su flora. Cuenta con tablas para diferenciar las especies -agrega el director de Turquesa Ediciones-, algo que a menudo resulta complicado para quien no es especialista. Al mismo tiempo, al incluir laurisilva, fayal-brezal…, y árboles como el paloblanco, el madroño, el mocán o el laurel, se adentra en la vegetación del conjunto del Archipiélago”.

El botánico Arnoldo Santos Guerra, autor del primer estudio de la flora y vegetación de El Hierro, en 1976, es el autor del prólogo del libro. Allí detalla que “hay que esperar a los trabajos de Christian Stierstorfer y Markus von Gaisberg -publicados en 2005 y 2006- para disponer de una visión global más completa de la flora y vegetación” de la isla.
“La naturaleza herreña -señala Santos Guerra en su texto- se ve ahora expuesta en este notable trabajo de David Aeschimann. Sin olvidarse de sus queridos Alpes, el autor se convierte en un enamorado de este pequeño terruño, el cual visita regularmente desde 2009. A lo largo de los años ha preparado este atractivo libro. Cuidadosamente ilustradas, estas páginas recogen los aspectos más llamativos de los caracteres abióticos de la isla. Ofrecen sobre todo una clara y precisa visión de su vegetación, así como una amplia selección bien documentada de la flora nativa más característica (complementada por algunas plantas introducidas)”.

PATRIMONIO
Para el botánico palmero, trabajos como el de su colega suizo facilitan “un mejor conocimiento de tan rico y diverso patrimonio”. Se trata, en suma, de contribuir a que este tesoro comunitario se proteja mejor, “no solo por parte de los numerosos curiosos que recorren sus pacíficos rincones, sino también por la de los propios herreños”.
“Todos tendrán en sus manos -pone de relieve Arnoldo Santos en su prólogo de Flora y vegetación de la isla de El Hierro– una herramienta que les permitirá valorar la riqueza vegetal. Con ello, una mejor calidad de vida resultará para el querido pueblo de la isla que algunos quieren identificar con la Ombrios que Plinio, hace unos 2.000 años, asignó a una de las Fortunatae Insulae”.





