tribuna

El Grinch de la queja laboral

Antes de sentarme a escribir estas líneas oigo en la radio que hay acuerdo entre el Ayuntamiento de Arona y la Junta de Compensación para proceder a la recepción del plan Parcial del Mojón. ¿Qué supondrá esto en la práctica? La urbanización de casi un millón de metros cuadrados en el sur de Tenerife, con la construcción de hoteles, viviendas, equipamientos, etc. Un millón de metros cuadrados. “La mayor bolsa de suelo urbano de Canarias”, “Una nueva ciudad en Tenerife” y afirmaciones similares llenan los medios estos días.

El debate que se abre es de fondo, interesantísimo, crucial para nuestro futuro y es de modelo de país.

Evidentemente, el anuncio lo hacen poniendo la vivienda en primer lugar y seguidamente el empleo. Hablan de miles de viviendas que serán puestas en el mercado y de miles de empleos que se generarán. Sin siquiera entrar a poner en duda esa afirmación, la pregunta es clara: ¿Cuándo vamos a parar? ¿Lo que necesita Canarias es construir más? ¿Nuestro territorio insular limitadísimo y nuestros recursos naturales permiten que anunciemos nuevas ciudades como hace China? ¿Acaso la construcción de nuevos hoteles y equipamientos no genera a su vez demanda de mano de obra, aumento poblacional y más necesidad de vivienda para esa gente trabajadora? ¿Cuándo acaba el bucle? ¿Cuándo lleguemos al Teide? ¿Cuándo no quede agua y esto se convierta en Mad Max versión subtropical?

Tendrán que admitir que la tentación de escribir sobre esto es muy grande, pero me saltan las alarmas sobre el riesgo de reiterarme y hablar una y otra vez sobre lo mismo. Según las compañeras del equipo de formación que tenemos el privilegio de tener en Drago Canarias, este riesgo no existe. Solo es un complejo un poco absurdo de la gente progresista de no querer repetir las afirmaciones y los análisis demasiadas veces.

Al contrario, dicen que repetimos poco. La derecha y extrema derecha repite, percute, tortura las ideas hasta la extenuación, las convierte en mantras para asegurarse que toda la población las escuche en algún momento, las comparta o no, y sobre todo, sean verdad o no. Se intentan imponer por insistencia —y porque tienen muchísimo dinero y poder mediático para hacerlo, obviamente—.

Creo que tienen razón, pero no les voy a hacer caso, por lo menos esta vez no. Quería escribir sobre empleo, sobre trabajo y aunque no lo parezca a priori, tiene mucho que ver con el debate de arriba sobre territorio, modelo económico y la sostenibilidad del mismo.

Hay muchas políticas públicas que se podrían llevar a cabo para que la población canaria viviéramos mejor, para que llegáramos más holgadamente a fin de mes, o simplemente para que llegáramos. Acceso a la vivienda, cesta de la compra, movilidad, energía… Son muchos los ámbitos de actuación que podrían aliviar la soga que tienen las familias trabajadoras al cuello. No cabe duda.

Pero creo que no podemos ni debemos olvidar la principal. En Canarias se cobra muy poco y eso que echamos más horas que en las pirámides de Egipto. Nadie con un mínimo rigor puede negar que nuestro principal sector económico es extensivo en jornada laboral y restrictivo en salarios. Dicho en lenguaje popular: se nos va la vida currando a cambio de cuatro perras que no dan pa’ nada.

Si tenemos la misma legislación laboral en todo el estado —la competencia en eso es exclusiva a 2000 kilómetros de aquí—, ¿Cómo puede ser que siempre estemos a la cola? Nos podríamos preguntar con razón. A ello habrá quién responderá que claro, que el sector servicios no es igual a la industria, que el valor añadido generado no es igual, que si la “lejanía”, que si la insularidad, etc. No voy a ser yo quién diga que eso es 100 % falso, pero lo que sí tengo claro es que obvia muchos factores importantes para que podamos afirmar que es verdad.

Vamos a enumerar varias cositas que normalmente no se ponen sobre la mesa.

Primero, respecto al valor añadido. El hecho de que el sector turístico, con el sudor y los dolores de la gente trabajadora, genera muchísima riqueza, es innegable. El problema es quién se queda esa riqueza, o mejor dicho, hacia dónde vuela. Que no nos engañen con esto. No cobramos poco porque Canarias genere poco; generamos mucho, pero no se queda aquí. Y lo poco que se queda se lo embolsan los cuatro de siempre.

Segundo, las instituciones canarias, con el Gobierno de Canarias a la cabeza, no han querido nunca hacer efectivas todas las competencias que tienen en materia de empleo y mucho menos reclamar, ampliarlas o explorar sus límites. Actuar como un ejemplo al alza en salarios en los pliegos de los contratos públicos, implicarse activamente en la mediación de la negociación de convenios colectivos en diferentes sectores para garantizar salarios acordes al coste de la vida en el Archipiélago, exprimir la capacidad inspectora y sancionadora frente a quien abuse de la sociedad canaria, etc.

Si alguien no paga las horas extras, no cumple el convenio o te fuerza a jugarte el físico debe sentir que enfrente tiene a los poderes públicos canarios y en los últimos 40 años, sin excepción, la triste realidad ha sido la contraria. Esto no es una ensoñación mía o un delirio de Drago Canarias, esto son competencias que ya recoge nuestro Estatuto de Autonomía y que desgraciadamente nadie se ha atrevido —todavía— a ejecutar.

Tercero, y no por ello menos importante. Al contrario, diría que la que más nos atañe, la que más nos atraviesa. Nuestra propia responsabilidad. Normalmente suelo ser el Grinch de la queja laboral. Cuando me contactan para contarme una problemática laboral, cuando una amiga me comenta las mil y una jodiendas que le están haciendo el curro, cuando alguien me llama porque ya no aguanta más tanta presión, siempre hago automáticamente la misma pregunta: “¿Estás sindicado?”. Y a partir de ahí se abre siempre un debate cargado de verdades que son excusas y excusas que son verdades. “No, que en mi curro son unos vendidos”, “no, que cualquiera se atreve”, “no, que la gente pasa de mojarse”, “no, que yo no creo en eso”, “no, que los sindicatos grandes están entregados”, “no, que no tengo tiempo”… Normalmente, termina la conversación con todo el tacto posible pero con rotundidad: si no nos organizamos, nunca vamos a conseguir nada. Antes te la jugabas mucho más que ahora y la gente lo hacía igualmente. Cojamos recortes.

Puede que no sea la actitud más rentable electoralmente del mundo, puede que a mucha gente no le haya gustado escucharme, pero admito que me sale de dentro y que realmente lo pienso.

Canarias, hace mucho menos tiempo del que pensamos, fue un hervidero de luchas obreras y tuvo potentísimos sindicatos que fueron capaces de doblarle el brazo al Gobierno y la patronal en no pocas ocasiones. Sindicatos organizados aquí, que tomaban las decisiones aquí, libres de los manejos de partidos políticos y con mucha gente afiliada libremente, que entendía perfectamente que sola una persona no puede, pero con sus compañeros y compañeras sí.

En nuestras manos está recuperar eso, exigir a las instituciones que ejerzan sus competencias y se mojen en los convenios colectivos y en perseguir a quien explota al personal, apretar para cada vez tener más herramientas de presión y, quien sabe, por qué no, soñar con un marco canario de relaciones laborales que facilite cobrar mejores sueldos, trabajar menos horas y tener contratos más estables. En definitiva, que nos permita vivir mejor. Esa es la Canarias que soñamos para nuestros hijos e hijas. Y por qué no decirlo, también para nosotras mismas.

*Concejal de Drago Verdes Canarias en La Laguna