“A mí me operó Jesucristo”, dice Pepe Benavente, que recuerda cuando perdió la voz y salió como nuevo de Pamplona. Ahora, en plenas facultades, quiere irse “por la puerta grande”, según anunció en ATLÁNTICO TV. Las verbenas, los Carnavales, las galas de los pueblos no serán lo mismo sin su presencia. Esa corona quedará vacante.
Siempre hubo en Canarias una voz que se ganaba el favor popular de todas las Islas, hubiera pleito insular o mar en calma. Y en su caso, ha superado los turnos de esas monarquías de solistas bendecidos por la gracia de la aprobación regional. Ni Pepe sabe el secreto de haberse mantenido tanto tiempo en lo alto de un género tan nuestro como las orquestas, que mi antiguo compañero en Radio Club Miguel Rodríguez invocaba en las ondas con un grito de guerra genuino: “¡Épale, mis amigos!”
Pepe conoció el estrellato mediante un videoclip en una chuletada en Roque Negro con el que Paco Chinea promocionó su primer disco en Multitrack. No llegó a tiempo del récord Guinness de Celia Cruz y la Sonora Matancera con la Billo’s Caracas Boys en la Plaza de España, porque la noche de marras de la cubana fue en los Carnavales de 1987, antes del fenómeno social de Benavente. Pero nadie ahora se imagina unos Carnavales sin él. Ese oxímoron viene caminando.
La retirada del Ruiseñor de Tenerife (como lo llamaban de niño en las filas del elenco de Juan Flores) será progresiva. Más drástica fue la vez que se levantó y decidió dejar de ser soldador en la Refinería y dedicarse a la canción. Pepe dice que se lo debe a la mujer y a los nietos. Empezará espaciando los bolos y un día se cortará la coleta. El cuerpo se lo está pidiendo, aunque nadie diría que tiene 71 años.
A Pepe lo vengo entrevistando desde el siglo pasado. Y no pierde la costumbre de repetirse, a propósito del éxito, “¿qué he hecho yo para merecerme esto?”, como si fuera el lema de un antidivo. Desde que tenía siete años se acostumbró a los aplausos.
Había una especie de mili chiquitita de los niños que empezábamos a trabajar muy pronto, a partir de los 12 años, y nuestras madres nos ponían pantalones largos para disimular. En esas intendencias, ellas eran magistrales. Nos llevaban de la mano por la calle y, al llegar al trabajo, nos soltaban como si en el camino nos hubiéramos hecho grandes y pudiéramos manejarnos solos.
La madre de Benavente iba con él a todas partes en los periplos precoces de la época dorada de Joselito, como había niñas que seguían los pasos de Marisol. Concha Velasco me contó una vez que ella fue una de esas promesas que saltó de Valladolid a Madrid de la mano de la madre, antes del boom de Pepa Flores, la niña prodigio de Un rayo de luz. Las madres llevaban el timón de la casa en los años difíciles. Pepe se tuvo que poner a trabajar en un bazar hindú de la Recova, donde cobraba 50 pesetas. Como hacíamos todos, le daba íntegro el sueldo a la madre, hasta que un día doña Vera le dijo que ya no le pasara el dinero, porque estaba a punto de casarse.
Las madres se merecen un homenaje que la sociedad les debe. En la España franquista, su labor era impagable, teniendo en cuenta que imperaba un machismo recalcitrante. Pero no tienen ni el nombre de una calle, que yo sepa.
Benavente me dijo que las considera su público favorito. Lo van a echar de menos en las verbenas el día que se baje del escenario. Aunque no es menos cierto que desde que se atrevió a versionar a Quevedo, le sonríe también una cuota de público adolescente nada desdeñable, quién lo iba a decir, cuando este hombre, que canta corridos y rancheras como si fuera mexicano y que debutó con temas de Albano y Camilo Sexto, alcanzó la gloria con El polvorete y Por medio peso. Por más que reivindique un repertorio de 900 canciones, entre ellas, “verdaderos temazos”.
Como decía, su mayor medalla es la continuidad, aunque la noticia ahora sea la despedida. Cuando cumple discográficamente, por mis cuentas, 25 años desde que saliera a la calle su primer disco en solitario, Canta México. Como la suya es la vida de un artista humilde, un rasgo que seguramente tiene que ver con la idiosincrasia del canario, no le va a resultar fácil.
De ahí que parezca que le está pidiendo permiso a su público para dar un paso al costado, para que se vayan haciendo a la idea de su desescalada.
