La ministra de Igualdad, Ana Redondo, anunciaba a las puertas del verano que en septiembre llevaría al Consejo de Ministros un anteproyecto de ley para abolir la prostitución. Una propuesta que además coincidía con los audios de la discordia entre el ex vicesecretario de organización del PSOE, José Luis Ábalos, y su mano derecha, Koldo García, en los que seleccionaban a mujeres prostituidas como si de mera mercancía se tratara. Y es que su abolición no es una cuestión baladí en nuestro país, teniendo en cuenta que España encabeza el ranking de países europeos consumidores de prostitución. La cuestión es: ¿entendemos la magnitud de esta práctica, para muchos alegal? En un territorio profundamente dividido entre su regulación y su abolición, están aquellos que apelan al mito de la libre elección de las mujeres, sin considerar que la inmensa mayoría de las prostituidas son migrantes, se encuentran en una situación económica bastante precaria, son víctimas de violencia de género y suelen estar sometidas a un proxenetismo liderado por hombres, que son los grandes beneficiarios de este negocio. El tercero, por cierto, más lucrativo del planeta. El placer afectivo-sexual de estas mujeres queda relegado al de los hombres que pagan por mantener relaciones con personas que no les desean, sino que lamentablemente están condenadas por diversas circunstancias vitales a ejercer una actividad que poco tiene de moral. Llegando incluso a soportar auténticas humillaciones y vejaciones, fruto del mísero adiestramiento pornográfico. ¿Quién desea realmente para una conocida, compañera o amiga que ejerza la prostitución por muy regulada que esté? ¿Quién quiere realmente comercializar su cuerpo, su deseo o su integridad física? En 2021, el presidente del Gobierno central, Pedro Sánchez, anunció que trabajaría en una ley abolicionista. Pero ya en esta segunda legislatura, en el que probablemente es uno de los momentos más complicados para los socialistas, las mujeres prostituidas siguen siendo las auténticas víctimas de un negocio que aún no tiene los días contados, pero sí mucho dinero embolsado.
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