tribuna

Stop

Gaza, como se sabe, está llena de tecnócratas, y todos deseando integrarse en el plan de Donald Trump que prevé alegremente un gobierno de transición en la franja de “tecnócratas palestinos”.

Lamentablemente, si alguna vez hubo algún tecnócrata en la torturada Franja de Gaza, que antes era una cárcel a cielo abierto y hoy una descomunal tumba a cielo abierto igualmente, habrá que buscar sus restos bajo los escombros. De otra parte, lo de Trump no es un plan de paz, sino un proyecto inmobiliario.

El ardiente y mayoritario deseo de que Bejamin Netanyahu deje de matar y destruir no debe nublar la percepción del plan de paz que Trump le ha impuesto hasta el punto de no ver lo que en realidad es, la confiscación definitiva de la tierra palestina por parte de Estados Unidos e Israel, y la reducción de sus legítimos dueños a la condición de parias, de bultos sin ninguna capacidad de decidir.

Pero más que el ardiente deseo, la necesidad de que cese la matanza de civiles y la destrucción brutal y sistemática de los medios de vida de los que aún sobreviven, parece que ha prendido una débil llama de esperanza en las cancillerías occidentales y en las del mundo árabe, que no parecen querer reparar, por intereses políticos, militares y económicos, en la trampa de un plan que, sobre envolver con vaguedades el dibujo de un futuro imposible, condena a la víctima y premia al verdugo.

Si Donald Trump quisiera de veras la paz en la Franja de Gaza, donde no hay una guerra sino una operación de exterminio, bastaría con que le dijera a Netanyahu: Stop. Se acabó, retira tu ejército, guarda tus bombas, desmonta el bloqueo, permite la entrada masiva de alimentos, combustible, agua y medicinas a la franja, deja que sean los organismos de Naciones Unidas los que organicen la reconstrucción mientras atienden las necesidades básicas de las familias gazatíes, deja de invadir Cisjordania con tus colones, no obstruyas la creación del estado palestino que reclama y reconoce el mundo entero.

Stop. Esa palabra que Trump, por ser Trump precisamente, nunca habrá de pronunciar ante el mayor genocida del presente siglo. La única palabra, hoy, sinónima de paz.