tribuna

España, cincuenta años después

Hace ya 50 años de la muerte de Franco, momento en el que se inició una etapa nueva en la historia de nuestro país. La transición de la dictadura a la democracia resultó un camino tortuoso, con episodios de violencia y con tensiones enormes, pero en el que la mayoría estábamos llenos de esperanza.

Durante año y medio, buena parte de quienes ocupaban el poder institucional (político, militar, judicial, religioso, económico) entendían que era necesario dar pasos hacia la democracia, pero querían darlos sin perder ellos el control de la situación. Había fuertes reticencias a los cambios y algunos de ellos aceptaban a lo sumo algún maquillaje.

Lo cierto es que el 15 de junio de 1977 hubo elecciones libres y en ellas las fuerzas claramente democráticas, que hasta hacía poco estaban en la ilegalidad, recibieron un apoyo popular importante, y plantearon la necesidad de aprobar una Constitución para empezar un tiempo nuevo y enterrar la dictadura. Así se hizo.

Los partidos políticos iniciaron un diálogo, que lo fue entre muy diferentes, para concertar las bases de la convivencia futura. Nadie impuso su voluntad plena y todos entendimos que había que negociar, aceptar que no todos pensamos igual, que lo natural es que haya opiniones diversas. Todos cedimos en aquellos momentos y todos ganamos al hacerlo.

La Constitución, que se aprobó tres años después de la muerte de Franco, estableció los derechos individuales y reconoció la existencia de realidades políticas regionales, tan ligadas a la complejidad del país y a su diversidad cultural. España se convirtió así en un país con un sistema político similar al de los países europeos, el anhelo de los demócratas durante la dictadura. La culminación de ese proceso fue el ingreso en la Comunidad Económica Europea, antecedente de la actual Unión Europea.

La España democrática tuvo que abordar el grave problema de ETA, herencia trágica de la dictadura. Se tardaron muchos años en lograr que dejara de matar y que finalmente dejara de existir sin que hubiera compensaciones de ningún tipo. Fue un triunfo magnífico de la sociedad española y la culminación de los esfuerzos para conseguirlo que hicieron los gobiernos de la democracia. El acuerdo entre todos hizo posible la derrota de ETA.

En estos cincuenta años se han producido avances importantes en las políticas que a los españoles nos hacen más libres y más iguales. Hemos pasado de ser un país que nada pintaba en el ámbito internacional a tener una presencia exitosa en numerosos ámbitos, como el deportivo, el económico o el político.

Pero hay nuevos problemas, unos que compartimos con otras muchas naciones y algunos que son propios de nuestra sociedad. A los desafíos del cambio climático y de las guerras, hemos de sumar la difusión de valores antidemocráticos, sustentados en el desprecio a la verdad.

La democracia no se consigue de una vez para siempre. Hay que cuidarla diariamente, avanzar en su calidad y que todos la mimemos. Cada época tiene sus problemas y es deber de los que gobiernan detectarlos y buscarles solución en el marco democrático.

En mi opinión, el gran peligro de hoy para la democracia es la realidad que viven numerosos jóvenes, que ven extrañas las instituciones políticas (gobierno nacional, gobierno regional, cabildo, ayuntamiento), alejadas de lo que les preocupa y desean. No ven que haya interés por lo que les ocurre (con la vivienda, con el trabajo, con su futuro…) Se trata de un reto tremendo para la sociedad, especialmente para quienes hoy ocupan el espacio público, que deben abordar como prioritario este problema. Prioritario quiere decir empezar a trabajar en él desde ahora mismo, sin demora. Aquí no vale la política de la foto.

Veo que se habla mucho de los procesos judiciales que afectan a los políticos, pero noto poca atención a los asuntos que son realmente de calado. Desde luego, no quito importancia al funcionamiento de la justicia y estoy interesado en lo que jueces y policías hacen, pero sitúo lo que está pasando con la juventud como algo de más trascendencia para todos nosotros.

Cincuenta años después de la muerte de Franco, la gran mayoría seguimos con la idea de que nuestro país sea mejor, más decente, más igualitario y más libre. Queremos una sociedad impregnada de valores democráticos, en la que todos estemos cómodos y aceptemos las diferencias. Con libertad, sin odio, con respeto. Así me gustaría el futuro de España cincuenta años después.