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Una forma de ver el Mundo

Lo dijo en Tenerife, hace veinticinco años, el arquitecto Luis Moreno Mansilla: “La arquitectura es una forma de ver el Mundo”.

Con AMP (Felipe Artengo, Fernando Martín Menis y José María Rodríguez-Pastrana) la Santísima Trinidad se hizo terrenal. La analogía no es mía, sino de Fernando Higueras, que en Lanzarote antepuso la naturaleza a la obra humana. Visiones, como la de Eladio Arteaga. De él tomé prestada la costumbre de mirar cómo se rematan los edificios. Luego, bajaremos a los charcos, esos que fotografió Jordi Bernadó. El de La Arena, en Punta del Hidalgo, es especial.

Con Agustín Cabrera el urbanismo caló en los huesos con serenidad y acuerdo. Es la isla que nos gustaría. Desde el aire se avista mejor. Cogemos el avión en Los Rodeos y Antonio Corona, Eustaquio Martínez y Arsenio Pérez Amaral dialogan con el espacio. Lástima que la Terminal que se expuso en el MoMa de Nueva York hoy vuele raso con Aena. Impotencia. Nos refugiamos en el claustro del antiguo Hospital de Dolores de La Laguna y en el edificio sede del Polígono Industrial de Granadilla. Las dos intervenciones de Maribel Correa y Diego Estévez (madera y piedra chasnera) nos reconcilian con el hábitat contemporáneo. Siempre nos quedará París y la tipografía Habana que vistió las mayúsculas de la revista Basa, la que dirigió Germán Delgado y ya no existe. Pena. Como tantas cosas.

Leer a Juan Julio Fernández es atrapar el tiempo. Vana ilusión. Otro cantar es rehacer el paisaje, ese mismo que reivindicó Ramiro Cuende para la playa de Las Teresitas, Montaña Amarilla, la chatarra de San Marcos en Icod de los Vinos y El Rincón. Pero nuestro suelo, estampó Gaceta de Arte, “está lleno de traidores, de espías históricos, de profesionales inconscientes”. Malas querencias. O buenas, las que diseñan Rafael Escobedo, aunque sean efímeras junto a la Lady de Martín Chirino, María Nieves Febles o Juan Antonio González, Urbano Yanes y Constanze Sixt. Soluciones imaginativas a problemas reales: Tiempos modernos (1936) de Charles Chaplin, Mi tío (1958) y Playtime (1967) de Jacques Tati. Sin Jorge Gorostiza la fila siete de las salas de cine pasarían desapercibidas.

Territorios insulares reivindicados, los de Virgilio Gutiérrez. Buena arquitectura y vanguardia atlántica forjan la mirada… Esa que hoy se detiene frente a las cuatro viviendas de Rubens Henríquez en el Camino Largo de La Laguna y se maravilla en las entrañas de Jacques Herzog en el Porís de Abona. Después nos dejaremos ir con los sueños de Felipe Hodgson.

Gracias a Maisa Navarro el racionalismo se muestra desvergonzado en Santa Cruz de Tenerife, al igual que los árboles del parque García Sanabria lucen garbosos después de Juan Manuel Palerm, Leopoldo Tabares y Jaume Plensa. Las islas del escultor catalán (cajas de aluminio negro, metacrilato y neón) son luciérnagas entre laureles de Indias, croares, cantes y piezas escultóricas, de Añazo a Garachico. Cultura en el espacio alejada de las palas y piedras de Néstor Torrens.

Las esculturas en la calle de Vicente Saavedra, Carlos Schwartz y demás idealistas con causa armonizan la escena cotidiana. Reconstruyen el Mundo estético, social, artístico, doméstico… En la pared, igualmente, cuelgan otros jardines, como los caligráficos de Ernesto Valcárcel o los ópticos de Victor Vasarely. ¿Dónde está la frontera? Dulce Xerach no plantó vallas. Por eso El Tanque, modelo arquitectónico de calidad, será eterno. Hubo quienes creyeron en una bienal, y en un premio (Manuel de Oraá y Arcocha) para la mejor arquitectura realizada en Canarias.

Descansa en paz, Federico García Barba. Las tizas negras que proyectaste con Cristina González de Parga y Marc Brommer no se olvidan. Aquellos años no se olvidan.

María Luisa Hodgson
Ilustración de María Luisa Hodgson